16 de abril 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

Nos quedamos fascinados con una nota aparecida en Clarín, firmada por Sebastián Campanario -para darle el crédito, como corresponde- y que está referida a que hay tres libros, de rigurosa moda que son el terror de los pronosticadores. De lo allí extractado, surgen conclusiones que dejan a los «gurúes» al desnudo y apuntan a que toda la industria montada sobre los supuestos aciertos, en realidad es sustentada por quienes necesitan «proveer historias a sus clientes menos sofisticados». Lo que más nos impactó, es haber reconocido en varios de esos trazos que emanan de los distintos autores, una senda tantas veces transitada por esta columna y desde hace mucho tiempo atrás. Para fijarle un punto de partida concreto, siempre nos quedamos con lo fundacional de los que llamamos los «Curro's Brothers», entidad imaginaria que utilizamos como ejemplo y que inauguramos a inicios de la década del 90. Momentos donde aquí el mercado veía inundarse de «papers», con proyecciones y pronósticos, como nunca había pasado.

Ahora, nos vemos plenamente reflejados en estas obras, donde surge también el nombre de Nouriel Roubini y diciendo lo que aquí opinábamos: lo mediático difunde al que tuvo la fortuna de acertar en la ocasión, olvidando a toda la legión que se equivocó de lleno con sus pronósticos. Miles de «Curro's Brothers» se continúan multiplicando en el mundo, ninguno se pone colorado por no haber pegado una. Cambian y vuelven a intentar. Y hay gente que los financia, posiblemente por aquello que se dice acerca de la necesidad de cubrir ansiedad de los inversores. Nosotros lo referíamos como: la gente no soporta la ausencia del porqué. Y hay que darle material. O contarle lo que va a pasar, cuando ya todos nos damos cuenta solos.

Dice la nota que esos libros, sobre los poetas del pronóstico, que verso a verso se construyen un nombre, ha resultado veneno para la industria de los «gurúes».
Siempre sostuvimos, además, que es muy lógico pensar que si alguien acierta con lo que va a ocurrir no lo estaría vendiendo por allí, lo usaría para él mismo. Y si en el mercado hay manos fuertes interesadas en vender, seguramente propagarán que es buena hora para comprar. Siendo la mejor táctica y antídoto: actuar al revés de lo que aconsejan. Nuestra única fórmula para intentar anticiparse al cambio de mercado es: sólo aplicar la sensatez. Y advertir que cuando se pasan los límites, todo es cuestión de tiempo. Pero, llega.

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