22 de abril 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

Tenemos la fea sensación de que la crisis está igualando al mundo: hacia abajo. No en lo económico, sino en los que resultan valores, principios, por medio de los cuales se dividían los conceptos entre países libres de sospechas y los que dejaban que todo fuera «negociable».

Un cambio, para mal, que se percibe en lo que nos llega del llamado Primer Mundo: el que se solía colocar de ejemplo, cuando algún país de nuestra región concretaba una nueva trastada y que -se decía- era lo que espantaba inversores. Ahora se ve que nada luce diáfano e inexpugnable en el área de los rectores, lo que está dejando huellas que permiten dudar acerca de ellos y de ciertas informaciones que dispersan. En la llegada de balances del sector más explosivo y esperado, el de utilidades bancarias, se habían deslizado adelantos que costaba creer como ciertos. Wall Street ensayó uno de sus repuntes sobre la base del argumento de que tales balances vendrían con «mejores números» que los estimados.

Pero en la fuerte caída del índice Dow del lunes estaban implícitas dudas muy concretas sobre cómo se habían armado esas estructuras contables de las entidades que debían mostrarse en vidriera. Nunca, entre lo que nos tocó poder seguir de cerca hace más de una treintena de años, o de lo que habíamos leído de su historial, habíamos presenciado un cono de sombras y de sospechas como el actual. Que en la necesidad imperiosa de tratar de salir del pozo surgieran indicadores o estados contables que se vieran puestos en la picota de haber sido maquillados expresamente.

Que la actuación de la famosa SEC -Comisión de Valores de los Estados Unidos- ya se vino relajando mucho quedó en evidencia con la muy poca gente atrapada y denunciada sin miramientos, después de semejante desastre creado con sus finanzas y su economía. Que la Reserva Federal ha perdido gran parte de un prestigio casi legendario que se le adjudicaba -y sin que rodaran cabezas de máximos responsables- es otro hecho a la vista de todos. Solamente ciertos personajes muy expuestos, del calibre de Madoff, han servido para colocar en la vidriera. Mientras seguros protagonistas de los desvíos todavía prosiguen estando al frente de sus negocios. El enorme volcán que envió sus cenizas hacia todos los rincones no tiene proporción con la cantidad de casos expuestos, ni con las quiebras, mucho menos con los encausados. «Algo huele mal allá en el Norte». Y con razón.

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