15 de junio 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

Días atrás dio vueltas por todo el mundo, replicado en nuestro país, una nota donde se destacaba que el índice que sigue Alan Greenspan para medir la densidad de las crisis «es de la venta de calzoncillos». Si esto fuera cierto, estamos todos en el horno. Porque este hombre, junto con Paul Volcker, siendo de los que pueden resultar un cofre viviente de experiencias y de haber participado activamente en doblegar períodos muy calientes de las economías, no puede -seriamente- estar atado a semejante indicador de cuarta categoría. Siempre recordamos que, al frente de la Fed, se decía que tenía 18.000 mediciones diversas: desde todos los ángulos de las finanzas y la economía. Si de todo esto, donde lo más importante tiene que ver con la «macro», quedó resumido a ver la venta de calzoncillos, es como para pensar que, realmente, el mundo ha quedado en calzoncillos.

Tomado como nota de color, vaya y pase, como ironías de un viejo zorro de muchas batallas, también pasa. Darle otro tipo de importancia, pretendiendo -además- adjudicarle cierto razonamiento sobre la conducta de compras de los hombres de tales ropas íntimas, según anda lo económico, es llegar a la comedia.

Pero es que todo anda así en esta etapa de crisis donde se mezclan los mensajes coherentes, con una serie de zonceras que parten hasta de la boca del más pintado. Y esto es lo que hace temer por nuevas caídas en lo que se pretende encauzar, advirtiéndose que no existen más que intentos al «tiro blanco» para ver si se le pega: como por casualidad.

Las preguntas, que muchos ya se están haciendo, acerca de qué sucederá con el déficit de la mayor economía del mundo. Con el aluvión de «dólar malo» corriendo al bueno, y la permanente irrigación de cuanto dinero sea necesario para taponar los agujeros, no tiene respuestas concretas. Salvo lo que se está proyectando, como el fantasma de la inflación viniendo a participar del festín de la crisis y allí: puestos en otra encrucijada. Los mercados, en los días que siguieron al jubiloso inicio de junio, quedaron puestos como en un paréntesis y solamente deambulando por resultados sin ton ni son. Bajar algo, recuperar livianamente, terminar con lo neutro, como si en verdad se hubieran visto en un pasaje que no posee una salida visible. La Argentina, de un modo que suena a fantástico, prosigue disputando el primer lugar -luchando con la Bolsa china- y esto también pertenece a una dimensión metafísica.

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