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Cupones bursátiles
Si se toma el fondo del «valle», noviembre de 2008 y cuando aterrizó en sólo «993» puntos, el indicador de Buenos Aires ya ha fijado una evolución de casi un 110%, en un tramo de sólo ¡nueve meses!
Los calificativos parecen quedar cortos, se emplee el vocablo que se quiera. Estar a solamente tres meses de cerrar 2009 y perfilarse nítidamente como la mejor Bolsa del año, en sus cotizaciones e índice ponderado, sobrepasa también cualquier sueño del más fanatizado operador. Cierta desazón aparece, cuando no puede decirse que lo que sucede con lo bursátil resulte «espejo» de realidades, o esperanzas en lo económico y financiero.
Si la Bolsa se mira en tal espejo, hoy se verá reflejada ella misma. Y a diferencia de otros índices, que también están en un ejercicio favorable y de recuperaciones, la distancia puesta entre las cotizaciones y el contexto que rodea a la inversión no resulta, en los demás, de semejante magnitud.
Todo lo que se quiera cotejar, relacionar en precios y porcentajes de evolución, deriva en lo fastuoso.
Cuando se pasa a la otra variable, básica, que responde al grado de evolución de los negocios para afirmar bien el respaldo de un ciclo queda apenas insinuado. Se podrá ver allí una marcha lenta, como de subir de los $ 36 millones -por rueda- promedio de julio, a los $ 42 millones de agosto. Y ahora subiendo otro peldaño, con los $ 51 millones de setiembre.
Los precios en el ascensor, pasando los pisos sin parar, mientras el volumen gana altura por la escalera. Esto parece abrir dos frentes: el más optimista dice que si existiera una avanzada fresca de inversión, se produciría un «boom» explosivo, por «crisis de oferta». El riesgoso, si surge un descreme a fondo, la variable de ajuste será el precio.


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