19 de octubre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Un título de Ámbito Financiero -del viernes- traía también consigo un cúmulo de nubarrones, en este caso sobre el cielo local, sumándose a aquello comentado sobre la disputa formalizada entre miembros de la Reserva Federal que están dividiendo aguas: entre mantener el actual nivel de tasas de interés, o comenzar a que el «dinero fácil» vaya cobrando algún «premio» al mercado.

Lo de Buenos Aires, el título del viernes, se refería a una primera instancia de focos que se ubican sobre lo que tiene que ver con lo bancario. Y advirtiendo que «el peligroso proyecto para nueva ley de entidades financieras, ya está listo...». De lo allí descrito se desprende el empleo del «dirigismo» más puro, tendiente a orientar toda la política bancaria. E imponiendo ciertas obligaciones que, como se dice en la nota: «No sólo no servirá para el fin planteado, sino que generará temor entre los depositantes...». Primer generador de inquietudes, que puede dispersarse, distorsionando los canales naturales. Pero, si esto se lleva adelante: detrás de lo bancario es casi seguro que aparecerán los reflectores, manejados desde la avidez fiscal, enfocando de lleno a la actividad financiera. Y sabe el lector que -periódicamente- han aparecido versiones y proyectos que están dando vueltas, acerca de «gravar la renta financiera» (sin que nada quede afuera del menú involucrado, tanto público, como privado). De ser así, los nubarrones ya estarían cerrando totalmente el circuito. Y lo que pudiera suceder después, con mercados que tienen mucha «gordura» acumulada dentro de un año excelente de valorizaciones, resulta casi doloroso de imaginar.

Introducir las manos sin miramientos, en el terreno del frágil escenario donde se mueven los activos financieros, exige -de mínima- la precisión y delicadeza de un cirujano. No de enfervorizados políticos que suponen que todo es tan simple como escribir sus normas y que todo siga igual. Mucho más peligroso es efectuarlo de un medio como el nuestro, que viene siendo tan degradado por la falta de honra a los compromisos y las normas. A la carencia de crédito externo, a una pésima imagen que apenas se quiere ahora empezar a mejorar con algunos pasos dados.

Si acometer sobre lo bancario es una carga explosiva para el sistema de capitales, atacar lo financiero puede ser el detonante que precisa esa carga.

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