«El terrible invierno que les tocará soportar a Europa y Estados Unidos incrementará la demanda de petróleo. El mismo subirá de precio, Tenaris sacará su partido de la suba. Y un buen desempeño de Tenaris resultará la fuerza que lleve al Merval hacia arriba...». Pensamiento simple, de forma encadenada, que nos sugería un operador muy amante de las formulaciones lineales y que procura que una causa en una punta termine en la otra distribuyendo energía vital a nuestro mercado. Si la hipótesis se diera por válida en la práctica, estaríamos yendo a una Bolsa veraniega con la dependencia directa de una sola plaza. Y desde allí hacernos la idea de que el mercado está rindiendo en buena medida. En todo caso, es arriesgar la ficha a un «pleno», y que si no cae la bolilla en el número deseado -en este caso, Tenaris- dejaría todo librado a lo que salga. Bien puede ser tomado como una demostración de que escasean las causas de fondo, las sólidas, para imaginar un mercado con buen rumbo. Y se termina convirtiendo en una apuesta al premio mayor para tratar de salvar el corto plazo. También demuestra la escasa visibilidad que se posee para adentrarse en la jungla de 2010 y que cuesta mucho poder intentar penetrar. Además, el propio esquema aquí reproducido deja flancos expuestos como para mirar desde otro ángulo al «terrible invierno que deberán soportar en el exterior». Por ejemplo, que se retraiga el consumo y que aborte una muy leve señal de recuperación en tales países. Sin olvidar que obligará a incurrir en mayores gastos para financiar tal demanda supuesta de energía extra.
Todo lo que quiera describirse como a favor es probable que posea una contracara de imagen negativa. Y el peligro de atarse a un solo argumento cuando todo parece en estado gaseoso obliga a tener que aguardar parados sobre los talones hasta tener a la vista el escenario completo que enmarcará el próximo ejercicio.
Y el conjunto presente nos deriva siempre al mismo curso: la falta de recursos, de liquidez disponible para los mercados de riesgo.
Es un dilema serio el que se ofrece a los ojos del participante en la Bolsa, que carece ya de la seguridad de un mercado de precios viles y sobrevendido, como ocurría a finales del año anterior.
Acertar con la dirección que tomarán los índices es un desafío que entra más en el campo del instinto.
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