24 de diciembre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Dejar que corra la inflación, con anuencia de gobernantes y autoridades monetarias de un país -con el propósito canallesco de «licuar deuda», atrapando a propios y extraños- es, simplemente: una estafa. No hay en ello el escudo dialéctico, o técnico, que lo pueda suavizar. Pero, el mundo no sólo se ha globalizado para potenciar virtudes, sino que se está tornando del mismo color en cuanto a pensar zancadillas. Que eran afines a países de tercer orden y prestigios devaluados, pero que en el cada vez más desteñido «Primer Mundo» las mentes están trabajando, dejando de lado todo principio de las reglas y el juego limpio. En nuestro diario se publicó el martes un artículo, difundido en un blog europeo, donde dos economistas exponen que: ya que la relación deuda-PBI de Estados Unidos se eleva a un 100%, los políticos «se verán tentados de licuar con inflación, la magnitud de las obligaciones soberanas...».

Y a partir de ello se dispusieron a sacar cuentas y estimaciones, para dar marco a un escenario posible. Así, dicen que con un 6% de inflación anual, por cuatro años, se podría reducir el cociente en un 20%. El trabajo insumió no pocos esfuerzos, ya que se compararon distintas épocas de la historia económica para llegar a tales conclusiones y que bien podría titularse: «cómo engañar al prójimo». Es curiosa también la advertencia que realizan, porque si se eleva más del 6% la inflación «esto podría generar incertidumbre, crear tensiones con los acreedores extranjeros», entre otros daños colaterales.

Como en 2008 casi la mitad de la deuda está en manos de extranjeros, aseguran que «aumenta la tentación de recurrir a la inflación». Así, los que poseen papeles de deuda deberían hacer frente a la mitad de un «impuesto inflacionario» (en una palabra, serían liberalmente estafados, por una inflación que dejaría correr el deudor con tal intención).

Claro que, no pueden eludir la cruel advertencia: el riesgo de que una «inflación moderada» aumente el peligro de una aceleración a niveles de dos dígitos. Todo el espectro se recorre en el trabajo difundido: desde la supuesta inflación deseable -y soportable por las víctimas-, hasta los consejos a los tentados gobernantes que lo intenten, con la finalidad de que la bomba no les explote en las manos. Recibirse de economistas, para ver cómo se puede perjudicar al acreedor. Notable.

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