11 de enero 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Si nuestro mercado algo pudo dejar grabado, como testimonio de episodios tan grotescos vividos en la semana, fue justamente lo más simple: flamear durante tres jornadas, con el timón roto y la brújula perdida. Espejo de lo que todo ciudadano estaba viendo desde las pantallas de televisión, con un desfile de personajes que cubrían todos los espectros de opinión y cada uno, intentando ser el portador de una «verdad» indiscutible. Perdido totalmente el supuesto objetivo original, la batalla por ganar territorio sobre el enemigo político dejó ver nuevamente cuál es -en verdad- el causal de nuestra decadencia. Logró hacer brillar con fuerza el rótulo de «país fronterizo» -que tan bien lucimos- y presentó una trama donde héroes y villanos, no alcanzaban a distinguirse: porque los mismos actores desempeñaban los dos papeles, a cada aparición.

Redrado terminaba proclamándose «un patriota», Boudou sonreía satisfecho porque «los mercados suban» (y con ello pretendía avalar las medidas). Cobos intentaba ser nuevamente protagonista inesperado. La Presidente lo enviaba a aprender el libreto del vice. A los medios no se les ocurría hacer la pregunta esencial en todo esto y a cada entrevistado: si el país debe honrar sus compromisos. El que lo difundía en todas partes, era sólo Pino Solanas: a quien no le importaba el método, ni los personajes, sino el desistir de todo pago. Y de última, activistas de los dos bandos con plena confusión de lo que defendían, o atacaban. Los «mercados en alza», de Boudou del jueves, volvieron a ser los de la baja durante el viernes.

La Bolsa, nuestra pequeña y atribulada Bolsa, traducía en números y signos los gestos y sensaciones de los intervinientes, que no sabían si comprar o vender, o irse a sus casas hasta que aparezcan rasgos de sensatez. Semejante obra y con tanta cantidad de actores (entraron en escena los tres poderes básicos de la Nación) en solamente un terceto de días, es demasiado para cualquiera. Y desde hoy, habrá que prepararse para un posible epílogo de lo que arrancó como un asunto manejable y se transformó en una comedia, al entrar de lleno en la arena política.

Al atrevido inversor, quizás el único vigente en nuestro medio, se le reserva el recurso de actuar «por instinto». (Abstenerse de fórmulas racionales, en un escenario irracional).

Dejá tu comentario