5 de marzo 2010 - 00:00

Cupones Bursátiles

Por todo medio de difusión apareció, y hasta en primeras planas, que: «JP Morgan aconseja comprar bonos argentinos...». Curiosa la trascendencia que se le dio e, indudablemente sesgada, la opinión: a que resulta una muy buena señal a favor de la deuda y el título local. Pero, un momento. Mejor consultarles a las autoridades y a la mayoría del arco político argentino, si es que JP Morgan es admitido en la exquisita comunidad de «acreedores reconocidos». Y que si la clientela adquiere tales bonos recomendados, no serán tildados de indeseables, de buitres o de alguna otra especie que los deudores -nosotros- lanzaremos sobre poseedores de bonos que no nos agreden. De todos modos, habrá que ver si resolvemos pagarlos acorde con condiciones si o estipularemos algún «canje» que se ajuste a las necesidades del deudor, nosotros.

Esto, que parece una descripción entre humorística y grotesca, tiene casi todas las semanas nuevos ejemplos de su perenne vigencia en la mentalidad que impera. Los días atrás, al momento de la conferencia que dieron los representantes de la oposición, el senador Morales quería indagar para qué se iban a utilizar los dineros que se pretendían. Y, como quien le quiere contar algo tremendo a la opinión pública, lanzó la cuasi acusación de: «Porque seguramente les quieren pagar a los bancos...». Y pensar que todavía muchos de estos funcionarios, y políticos, se preguntan a qué se debe que la Argentina tenga que pagar tasas muchos mayores. O que deba soportar que la puerta internacional del crédito le esté vedada.

Y siguen con la cantinela de repasar acreedores y discutir si a éstos se les deben pagar los bonos, y a los otros, no. La próxima vez, ya que somos tan exquisitos con nuestras relaciones, confeccionen un listado de «acreedores aprobados». Y una lista negra, con aquellos que no deben tener acceso a un tan valioso título de deuda, como el que emitimos.

Obviamente que si aparecen noticias como la de JP Morgan de días atrás, con una «recomendación» que huele de manera sospechosa, nadie se mostrará en contra, o reticente. Y mucho menos caerán críticas.

Todos son como «hermanos» nuestros, cuando tienen la audacia de tomar nuestros bonos. Pero puede que se transformen en «enemigos y buitres» si después se les ocurre reclamar. Unos en mayoría, otros en minoría; la mentalidad es pareja. Y así estaremos.

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