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Cupones bursátiles
Si usted lee los contenidos de tales notas, seguramente hallará -varias veces- repetido que hay un proyecto que, por ejemplo, «traerá mayores medidas de protección financiera para el consumidor...». O bien, que «traerían nueva transparencia a los tratos financieros».
Pero, en las clásicas letras de molde y que acaparan la atención: siempre aparecerá Wall Street como el sujeto, el objetivo, al que se intentará apuntar.
En tal caso, debemos reiterar el paralelo aquel, de donde «la Bolsa resulta como el hígado en el cuerpo humano, que pase lo que pase en él, siempre carga con la culpa». La crisis, el disparate que terminó por estallar no fue desde lo bursátil hacia lo financiero. Sino desde lo bancario y financiero hacia un embudo que derivó en lo bursátil. Y para después dejarlo «pegado», como si todo se hubiera originado en tramas de operadores que habitan en la Bolsa. Como si hay que hablar de empresas que van a la quiebra, aquí o en cualquier parte, y porque tengan acciones cotizando en la Bolsa, se termine por apuntar al sistema bursátil como causal del derrumbe.
Fueron expresa y nítidamente los codiciosos banqueros los que urdieron el entretejido, que comenzaba con dar dinero de hipotecas a gente insolvente. Y, después, hacían un envoltorio para sacárselo de encima. Pero no pudieron. Y se vio que la película terminó del modo más vergonzoso para ellos, acudiendo después los gobernantes a salvarlos con dineros públicos. Y el desastre, la crisis, arrastró después a todo tipo de empresas y rubros, que nada tenían que ver con hipotecas, o créditos. El NYSE y todas las Bolsas del mundo siendo víctimas del mal.
Pero... siempre aparecerá «Wall Street» en los titulares cuando Obama, que reacciona periódicamente ante alguna novedad como la de Goldman Sachs, vuelve al recitado que se escucha desde que se estaba en momentos de su campaña y nunca se instrumentó.
Lo que dice Obama, que «hacían apuestas enormes y no le rendían cuentas a nadie», es un búmeran. Porque «nadie» eran los organismos de control -con Bernanke a la cabeza-, y los republicanos, opuestos a medidas, delatan su complicidad.

