23 de abril 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Es muy peligroso comprobar de qué manera el país más poderoso del mundo se parece cada vez más a nosotros. Previo a la llegada del presidente Obama a Nueva York, el alcalde de la ciudad -Michael Bloomberg- fue protagonista de un sainete, a nuestro más puro estilo. Quejándose formalmente -decía la noticia- por no haber sido informado oficialmente, de que Obama visitaría la ciudad el día jueves. Y que se había enterado por blogs. Después se desdijo, sosteniendo que la Casa Blanca había llamado a su oficina para avisarle, pero que se encontraba en una conferencia de prensa en esos momentos.

«Ellos avisaron, por lo que sé, pero en mi oficina no me lo habían dicho...» (?). Repasemos: el arribo del presidente de Estados Unidos, nada menos que a Nueva York, y los empleados del alcalde se olvidan de avisarle que llamaron. O esta gente del Norte está muy nerviosa, muy fuera de sus cabales, o hay un resquebrajamiento total de lo que era una especie de modelo de eficiencia, para el mundo que dice regir. Por otra parte, un Bloomberg que seguramente venía ya sumamente contrariado, por lo que interpretaba como una falta de consideración -al no avisarle-, se despachó con frases que no eran de un alcalde, sino mucho más de un financista preocupado y agresivo, en todo caso: fuera de lugar. Directamente le pidió a Obama que «¡no destruya Wall Street...!». Y a partir de esto, una cascada de frases entre docentes y acusatorias. Entre ellas, el ejemplo de que «no se puede gravar a los que tienen la opción de irse. Si segregas a un sólo sector, o lo destruyes, o se va».

A todo esto, Obama ya habrá estado ayer con la presentación de sus medidas, pero puntualmente la «recepción» que le brindó el alcalde de Nueva York, solamente un adelanto de lo que habrá de encontrar por delante el «proyecto» de reformas, en su afán por avanzar y culminar con todos los pasos.

En realidad, todo nos sorprende de la actualidad norteamericana -como este episodio impresentable- y si hacemos epicentro en lo bursátil: no entendemos cómo es que la «SEC» no suspendió el tratamiento de la acción de Goldman Sachs que, por si algo le faltara, también ahora la entidad tendrá que enfrentar enjuiciamientos en Gran Bretaña.

Como casi al unísono con las acusaciones recibidas, presentó su balance con fuertes ganancias, el papel en Bolsa encalmó su descenso. En una especie de equivalencia entre acusación de fraude y ganancias del balance. Todo parece lo mismo.