30 de abril 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Buscando bibliografía acerca de cuándo se gestaron los males que desembocaron en la crisis y en todos los derivados de ella, que están plenamente vigentes, tratando de recurrir a las fuentes testimoniales y huyendo de los análisis de superficie de los que tanto abundan -y aun en cabeza de reputados personajes del mundo económico- nos reencontramos con una obra editada en 1989 y que refleja, minuciosamente, la década clave de lo que luego estalló en 2007 en el mundo. Hablamos de un volcán financiero, cuya lava se fue gestando a lo largo de casi treinta años. Acaso más de un lector lo posea en su biblioteca -recordamos haberlo recomendado varias veces-, y de ser así, no desoiga el consejo de buscarlo y releerlo. Su título: «El póquer del mentiroso» (escrito por Michael Lewis, un operador de mercados que se formó en la legendaria Salomon Brothers). El título no merece más atención que haber sido utilizado de «gancho» editorial, porque la referencia es a un simple juego de apuestas que hacían los operadores de la firma, sin valor alguno. Pero en sus páginas está de modo pormenorizado -con lujo de detalles- el advenimiento de la era de los bonos, apropiándose de los mercados bursátiles y desplazando a las acciones como figuras principales. No cualquier tipo de bonos, sino específicamente los generadores del desastre de la crisis actual: los «hipotecarios». Todo el desarrollo y su auge en la década de los 80 -que nunca desaparecería- está allí relatado, con nombres y apellidos, instituciones, entidades, estrategias y desvíos que se fueron aplicando con el consentimiento de los organismos oficiales.

Para esta primera nota, solamente dejaremos lo que nos parece el más grande de los absurdos y que une las dos épocas. El legendario Paul Volcker, asesor de Obama y el impulsor de la «reforma» que se está intentando -para delimitar los roles y el campo de acción de las entidades bancarias- fue, justamente, el que propició, facilitó, impulsó, en un recordado discurso de 1979 -como titular de la Reserva Federal-, la época donde las entidades hallaron una veta tan formidable para generar fortunas, desde un segmento operativo -el bono hipotecario- que era totalmente desechado por las casas de inversión de aquel entonces. Como si un incendiario quisiera redimirse haciéndose bombero. Por obvias razones, daremos párrafos escogidos de la obra. Pero, completa, esclarece cómo se originó la crisis. Vale la pena.