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Cupones bursátiles
Glase-Steagall era un acta del Congreso, pero funcionaba como un acta de fuerza mayor. Y, tal como lo dice Michael Lewis, en su libro, «dividía a la humanidad en dos».
Los banqueros de inversiones se dedicaban a suscribir obligaciones, tales como valores y bonos. Los comerciales, como el Citibank, aceptaban depósitos y ofrecían préstamos. Interesante es la descripción que realiza el autor -que fuera operador de bonos hipotecarios en Salomon Brothers-, acerca de la nueva especie creada a partir de la división. «El banquero de inversiones era una clase aparte, un miembro de la raza superior de hombres de negocios. Poseía un vasto y casi inimaginable talento y ambición. Si tenía un perro, éste aullaba. Si tenía dos pequeños deportivos rojos, quería cuatro. Para conseguirlo estaba, a pesar de ser un hombre serio, sorprendentemente dispuesto a causar problemas...». Al mencionar el origen del cambio, Lewis apunta que: «Obtener beneficios en Wall Street es un poco como comerse el relleno de un pavo. Primero, es necesario que alguna autoridad superior coloque ese relleno. Y uno de los benevolentes colaboradores en la elaboración del relleno, fue la mismísima Reserva Federal. Esto resulta irónico, teniendo en cuenta que nadie había desaprobado tanto los excesos de Wall Street de los 80, como el propio Paul Volcker...».
Y describe luego Lewis: «El sábado 6 de octubre de 1979, en intempestiva rueda de prensa, Volcker anunció que la oferta monetaria dejaría de fluctuar al ritmo de la economía: se fijaría la oferta y se dejarían flotar los tipos de interés. Creo que tal acontecimiento marca el inicio de la época dorada del colocador de obligaciones. Porque, en la práctica, el cambio en el punto central de la política monetaria, significaba que los tipos de interés tendrían una amplia banda de oscilación. El precio de los bonos se movía en forma inversa y muy ligado a las tasas...». Y he aquí el núcleo de todo, resumido en esta expresión del autor: «Permitir que los tipos de interés fluctuaran salvajemente, era equivalente a dejar que los precios de los bonos también lo hicieran. Antes del discurso, los bonos eran inversiones conservadoras, después de ello pasaron a ser objetos de especulación...».

