17 de mayo 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

El carnaval del mundo y su coyuntura nos siguen impidiendo retomar aquella secuencia de las raíces verdaderas de la crisis, que comenzó en el sector de bonos hipotecarios de Estados Unidos y se propagó por todo el planeta, como una «gripe A» de las economías. Hasta ahora, no es posible continuar aquella historia que comenzó junto con la década del 80 y -después de tener el virus diversas mutaciones y acelerarse, acorde con la velocidad de las tecnologías- culminó carcomiendo por dentro la economía del país fuerte del mundo.

Hay que seguir viendo el curso de mercados que están en la «montaña rusa», sumándoles a los números todas las opiniones y análisis que llueven a diario desde las pantallas y se reproducen en los medios.

Lo del viernes fue sumamente delicado, más que por verse otra estampida vendedora de orden universal, por haber sido desatada después de lo que unos días antes se considerara como una jugada a fondo de autoridades de Europa. Tan grandiosa lucía la cifra de los euros disponibles para combatir los fuegos, dentro o fuera de la «eurozona», que la reacción impulsiva fue de júbilo general. Y a los pocos días campearon de nuevo la debilidad y la desazón, traducidas en los mercados con sus cierres semanales en franca caída. Nos preguntamos en el comentario del día, y también aquí, qué es lo que viene ahora para intentar apuntalar un andamiaje que duró tan poco tiempo.

Y en el camino, que no tiene respiro, surgieron más propuestas polémicas. La mayor, aquella de que los países deban presentar sus presupuestos y proyecciones económicas a una cúpula común, que juzgaría la bondad -o lo incorrecto- de tales presentaciones. De inmediato se alzaron voces, con la primera de las oposiciones lógicas: cada país perdería así su principio soberano de manejar la administración propia, individual, de su acción de gobierno. Pero sirve para ilustrar hasta qué punto se llegó en cuanto a tratar de colocar un marco común a participantes que están tan asimétricos unos con otros.

A tal nivel llegó la histeria que aparecieron opiniones queriendo comparar al estado de Grecia con el de Estados Unidos -o el destino común para ambos- y el mediático economista Paul Krugman entró por el aro intentando demostrar -en nota publicada por el diario Clarín- que Estados Unidos no es Grecia (algo que no merecía el esfuerzo de prestarle alguna atención). Una locura. Un circo.