10 de junio 2010 - 00:00

Cupones Bursátiles

 ¿Cómo es que en el mercado ven todo mal un día, pero al momento siguiente ven todo bien?... (Una de las preguntas más comunes de quienes perciben los cambios, sin que exista razón para ello. Como para saludarnos, por el Día del Periodista, nos la dedicó una lectora). Para responderlo de modo sencillo, se podrían buscar ciertas motivaciones -por pueriles que sean- en tren de acomodar los resultados bursátiles, a esos estímulos existentes. No quedaría mal tal contestación de libro de texto, pero no nos convence la justificación detrás del resultado. En tal caso, preferimos una versión menos convencional -con el riesgo que ello implica, según decía Keynes- pero, al menos, siendo veraces en cuanto a expresar lo que pensamos (que puede estar cerca, o lejos, de la verdad).

Y ante el interrogante, creemos que en tiempos turbulentos y donde la tendencia valiosa -la de fondo- se ve tan condicionada por el contexto en que se nutre, solamente deja vigente el oleaje de superficie. Muy peligroso mar picado donde se animan a navegar solamente las carteras de alto riesgo: haciendo del día tras día una excursión de caza, para atrapar la presa necesaria.

La ganancia.

Pero, dejando lo personal de lado, preferimos convocar a un aliado de mayor calidad, para que riegue el resbaladizo interrogante de nuestra lectora.

Lester Thurow nos legó una valiosa reflexión y la compartimos: «El comportamiento de los inversores está afectado por factores psicológicos. Alentados por una actitud gregaria, se comportan como antílopes huidizos: una veces huyen porque ven al león (crisis bursátil), otras veces huyen sólo porque el viento (corrección técnica) agita la hierba y se creen que es el león...». A esto se lo denominó el «síndrome del antílope huidizo» y lo que tiene de más valioso, es el planteo de la problemática entre aquello que es un peligro serio. Y lo que solamente presenta apariencias similares, pero ante lo que no se duda en tomarlo por serio. Los repuntes y las recaídas seguirán como el gráfico posible, frente a la extrema sensibilidad de todo el mundo, respecto de las economías y los mercados.

Si gobernantes, como los más renombrados economistas de la época, tienen teorías tan diversas: imposible que un simple operador no se contraiga, entre el león y el viento. (Quizás mañana convoquemos a un grande, Benjamín Graham, para aprender).