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Cupones bursátiles
También aparecía en la imagen el ministro de Economía -Amado Boudou- en una foto que sería deseable en el interior de nuestra Bolsa de Comercio (más allá del formalismo de asistir a dar un discurso por el aniversario de la entidad, para nunca más volver...).
El mercado local ha pasado por un buen período a lo largo del mes, en especial sobre el remate de estos días y con un ascenso llamativo en lo que resulta su elemento principal: el volumen actuado.
Pero es un empuje a puro pulmón independiente de cualquier inquietud o estímulo que provenga desde las altas esferas. Y no se trata de darle ventajas, ni de «sub-sidios», bastaría con mencionar que el Gobierno observa que la Bolsa debe recuperar un papel protagónico en el mundo financiero. Y, a partir de esto, impulsar algunas normas que fortalezcan la inversión bursátil y promueva el arribo de empresas de primer nivel.
¿Cómo es que muestran semblantes tan felices al recorrer recintos bursátiles del exterior y evidencian ser totalmente impermeables a las posibilidades que ofrece el sistema al ámbito local?
Se nos puede decir que resultan visitas de cortesía y que, ante las mismas, corresponde que esos rostros apa-rezcan dispersando alegría. Pero, decimos, también cabe que al armarse una agenda los funcionarios eliminen las visitas por las que no sienten vocación.
Hacer sonar las campanillas en Wall Street, dando comienzo a las sesiones es una estampa que les agrada a todos. Y puede ser que se piense que les sirve a ellos -como a todo país del mundo que se precie de ser alguien-, pero que no es herramienta apta para nuestro sistema económico. Puede ser...
La altísima «capacidad ociosa» y, por eso mismo, el altísimo potencial de expansión que posee el mercado bursátil local (al margen de lo que es solamente una marca en precios, con el índice arriba de los «2.600» puntos) prosigue sin ser utilizable por ninguno de los gobiernos. Acaso, desde la época de Frondizi (con sus bemoles).
Y pasó bastante tiempo para darse cuenta...

