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Cupones bursátiles
En otras ocasiones sería algo trivial, rutinario, pero dados los dibujos que se van acumulando en un repetido juego que se ensaya desde los propios centros rectores, un día de ventaja, y sabiendo el pasar de los otros, puede ser una interesante medida para poder estimar a qué se podría estar jugando en este período.
A tal punto hemos llegado, procurando el mínimo resquicio en lo que resulta un torneo de cinco ruedas semanales, que pueden -o no- estar conectadas con lo precedente. Sabemos que ahora se ha dado en denominar «la guerra de las monedas» y donde el FMI, a pesar de los esfuerzos por reunir voluntades, ya se declaró como ineficaz para colocar una política homogénea. Es así una suerte de todos contra todos, cada cual mantiene su juego, nadie está dispuesto a beneficiar a otros países y solamente se trazan planes, observando el propio interés.
Sorpresas
A partir de esto, todo es posible, las sorpresas pueden llegar desde cualquier punto y sin miramientos. Tampoco con advertencias. Menos todavía cuando muchos aguardan de China que den respuestas a la medida de Occidente. Y los chinos, viejos zorros -que saben más por viejos que por zorros- habrán de establecer su propio ritmo hasta el límite de no provocar un quiebre formal de las economías que ellos también necesitan.
Los déficits «ingobernables» -de Estados Unidos y reconocido por el propio Obama-, las tasas «cero» y el circulante vil que da vueltas por todos los mercados, sumado a la que se pretende como una salvaje guerra de monedas entre los países.
En medio de esto, condiciones lejanas a lo que se pueda llamar de horizonte de bonanza o de épocas normales, los índices bursátiles se han dedicado a volver a las cimas de antes de la crisis sin que la crisis esté, ni por asomo, resuelta. He ahí una contradicción pura, solamente explicable desde el «dinero fácil» que se irriga desde distintos bancos centrales.
Un escenario difícilmente imaginable, que puede evolucionar sin importar los estímulos y su color, o carga efectiva, sea bueno, regular, o malo. Aprovecharlo cuanto se pueda, estando alertas.

