1 de diciembre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Culminación de noviembre que solamente deja un mar de dudas en los mercados, por más que la gran mayoría de los índices -de todas las regiones- hayan marcado un período favorable para las acciones. No hay manera de relacionar los buenos resultados con lo que cada vez más se va enturbiando en las economías.

Ha sido un mes en el que otro país cayó en las penurias de un «salvataje» -con los correlativos ajustes que se le imponen- y hay dos, tres más, que ahora han pasado a ocupar un lugar en la vidriera. Y con la principal economía debiendo dar la primera señal de que no todo habrá de seguir pasando por imprimir dólares impunemente. Estados Unidos, seguramente en un trago bien amargo, debió abdicar a las soluciones fáciles y monetarias para tener que anunciar un «ajuste» para sus empleados públicos, al menos por cierto tiempo.

De allí derivó un lunes que servía de antesala de un remate mensual con indicadores a la baja y los diversos recintos intentando defensas, como la clásica que suele intentarse en Buenos Aires. Arrugue de negocios, oferta que entra en razones y se da cuenta de que no hay caudal en las órdenes de demanda para poder asumir ventas feroces.

De todas formas, a un día del cierre el índice Merval presentaba una suba cercana al 9% y con acumulado de 2010 en un 40%, conseguido solamente a partir de septiembre y en una arremetida que no es muy habitual de poder ver. ¿Es un año para un rendimiento semejante en papeles de riesgo? Más bien se asemeja a la fantasía de las mentes más calientes y optimistas. Pero, así se dieron los resultados y las carreras han podido sacar partido de un miniciclo espectacular en el ámbito local, también en varios de los índices externos.

Existe honda preocupación en cuanto a la economía «real» -que así la han querido llamar- y ciertas evoluciones de activos de todo tipo, únicamente avalados por esa fuga que se produjo de la «moneda vil» con que inundaron el mundo, convertida en ciertos bienes tangibles. En nuestro medio -para ser sinceros-, todos aquellos que recorrieron números de balances de septiembre saben que extraer utilidad no es una tarea sencilla. Que los costos siguen comiendo márgenes y que son los menos los que pueden mostrar números relevantes. De mínima, los precios han escapado mucho más que la realidad de los respaldos. Pero todo sirve.

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