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Cupones bursátiles
Explosión de septiembre con poco más del 13% de beneficio en el índice. Acumulando -que no es lo mismo que sumando- su octubre cerca de un 14%. Y rematando en noviembre, con acumulación de otro 8,5%. Si se lo mira aisladamente, impresiona. Si se lo coteja con otros índices de afuera, o muchos activos locales, es aterrador.
Es especial, porque el contexto en que se desarrolló fue de un mundo que sigue en plena convulsión. Y un ámbito local donde todo prosigue como en los primeros ocho meses, donde el Merval no iba hacia ninguna parte.
Y en noviembre se llevó todo por delante: hasta lo que le marcaba la historia, la estadística, que tiene a noviembre como un mes poco favorable.
En soledad, pidiendo permiso para pasar por el medio de heridos y contusos del mes -como el Dow y el Bovespa- y sin que existan razones robustas, palpables, más que lo que cada cual concluye tomando unos argumentos posibles, u otros. Lo concreto fue el mercado, lo evidente resultó su espectacular recorrido trimestral. Y lo certificable es el caudal de negocios, que le dio apoyatura. Por lo tanto, las variables confluyeron para poder decir que fue un trimestre de crecimiento, en tal caso -desde lo fundamental- inobjetable. Lo que debe preocupar es -justamente- lo que se llega a elogiar: haber transitado en soledad, mostrando una «gordura» de utilidades en medio de carteras que han perdido en otros recintos, mientras el Merval volaba.
Ahora se enfrenta el remate de 2010 y, acorde con la historia, resulta ser uno de los mejores meses para nuestra Bolsa (desde 1990, sólo hubo «4» diciembres con bajas). Desde tal liviano argumento estadístico, habría «luz verde» para seguir. Pero, como se pasó noviembre con «luz roja», no sea cosa que llegue la multa. Allí sale el Merval, jugado al ataque. Aunque el volumen no apoye como antes. Vamos, subiendo la cuesta...


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