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Cupones bursátiles
Dentro del convoy de tal calibre, la Argentina es nombrada como de los países que ven con mayor optimismo el tránsito por el nuevo año. Buscar efectos «colaterales» a una pirámide invertida a partir de la crisis puede que no lleve a ninguna parte.
Será cuestión de ver hasta cuándo dura el cambio de roles, que -básicamente- se ha producido por el desastre en las finanzas de los otrora orgullosos del «primer mundo» y el renovado esplendor que tienen los «commodities» -las materias primas- con su veloz avance de precios. Que los ha llevado a un par de años atrás casi, cuando ni siquiera se le debía a la «crisis» identidad de tal, sino -al decir del desopilante Henry Paulson, funcionario del Gobierno de Bush- todo se resumía a «ciertos problemas de orden financiero, que no afectaría la economía real».
Para servirse
La mesa está tendida, decíamos, el menú está casi sobre el mantel. Los mercados que reflejan tal cuota notable de optimismo volcado hacia una región deberían poseer también su gran cuota de optimismo a granel. No se viera en el tránsito de Brasil y su mercado bursátil en 2010, que ciertamente se comportó como Bolsa de país europeo en serios problemas. A cambio, lo vivimos intensamente en nuestro medio y a través de un Merval que salió volando en el cuatrimestre final y dejó saldos para llenar varias alforjas de los que poseían carteras en papeles locales (sin olvidar el «show» de los bonos).
Nuestra semana inicial pareció dar toda la razón a tales señales auspiciosas que se leen en los medios, pero a medida que pasaron las ruedas el mercado comenzó a debilitarse hasta llegar a un viernes «pidiendo la hora», por falta de liquidez en la demanda y una rebaja del 1,6 por ciento en el Merval.
Para obrar en el mundo actual, tan plagado de información, opiniones -y opinadores que buscan prensa- la gran virtud del «escepticismo» (que visto dentro de un mercado, es virtud) obliga a la prudencia.


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