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Cupones bursátiles
Lo hemos visto varias veces en 2010, quedó así registrado, donde un mismo caso sirve tanto como buena o mala noticia alternativamente. Uno distingue claramente la mala: que una economía demuestre que ya no puede sostenerse sola y que haya que ir velozmente a socorrerla. Ahora bien: ¿cuál sería la buena? No importa tanto lo que se pueda pensar -racionalmente-, sino aquello que se eche a correr en la mayoría de los mensajes masivos. Y esto hace que mercados que debían mostrar su preocupación razonable de pronto salgan eyectados como si todo se hubiera solucionado en el mundo. Pensar de qué modo habrán de reaccionar los demás, por encima de la propia opinión, casi siempre ha dado resultados (como el consejo de Keynes sobre los concursos de belleza y la elección de la reina). Al menos, en el corto plazo. A la larga, es cuestión de comprobarlo con los hechos siguientes...
La vida loca
Nadie discutiría que en la Bolsa se está dentro de la «más loca» de las inversiones. Sin responder a ninguna atadura ni rentas prefijadas, solamente a expensas de lo que decidan los hombres con sus impulsos, arrebatos (y, algunas veces, razones).
Estar inmersos de tal modo, en el que parece «el más loco» de los mundos, pasa a ser una incursión de alto riesgo, potenciado. Pero también seguirá resultando la Bolsa la promesa de la ganancia inimaginable, sin techo alguno, como lo demostraron 2010 y el Merval, en cuatro meses. Una época fascinante, la época en que vivimos en peligro. Y esto tiene su encanto (al margen del resultado...).


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