25 de enero 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

En una nota publicada aquí por Clarín, originada en el exterior, caíamos en la cuenta de cómo se está jugando en los mercados actuales: apostándolo todo a ver quién es el más rápido. No sólo para llegar a operar tras alguna noticia de incidencia, sino también llegando al extremo de interceptar órdenes de terceros y, al saber en qué dirección fueron realizadas, obrar sobre ellas. Ya los centros de computación dedicados a esto, que se reproduce y comienza a tomar presencia creciente respecto de lo que generan los centros habituales, las propias Bolsas, están compitiendo por fracciones: no de minutos, sino de segundos. Y dejando en manos de la cibernética la toma de decisión, frente a algún hecho capaz de tener cierta importancia sobre la tendencia. En pocas palabras: convirtiendo al mercado -el que nos importa es el bursátil- en un verdadero casino de apuestas, a velocidades increíbles. A muchos tal vez los seduce la idea, a otros -como a nosotros hoy- nos aterra la imagen de que esto llegue a instaurarse aquí. Aunque, para decirlo crudamente, ya están instaurados también en nuestro recinto, porque desde tales centros informáticos se movilizan, al instante, en procura de cualquier recinto, todo índice viviente, cualquier tipo de papel en juego. Y mucha de la orden que arriba de afuera, seguramente que responde a tales manos ejecutoras. No importa el producto, interesa el poder intervenir en el menor tiempo posible: para entrar o para salir...

Otra trama

Todavía existe en el ámbito local el análisis clásico, la búsqueda de armar posiciones basadas en supuestas condiciones y precio de los papeles apuntados. Que, probablemente, se vean derrumbados por la moda del juego puro. Que en vez de utilizar «fichas», se maneja con títulos empresarios cotizando. O con bonos públicos. O bien, con papeles representando mercaderías, materias primas. Lo que fuere, pero siempre con el tratamiento de hacerlo cada vez a mayor velocidad.

Si el mundo se dirige de lleno a tal modo de conducirse, dejando en segundo plano la idea de inversión, para suplantarla absolutamente por el juego liso y llano, de nada habrá que asombrarse.

Se utilizan estrategias, así como jugadas desleales. Todo sirve: y todo es consentido. Lamentable.

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