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CUPONES BURSÁTILES
Dos puntas muy abiertas, si se coteja con la vida del ser humano, pero que resultan un período no muy extenso en la historia de los mercados. El de 1815, porque el 18 de junio fue el día de la Batalla de Waterloo. Y la jornada donde «un tal» Nathad Rotschild, hallándose en Bruselas, conociendo ya el resultado, salió velozmente hacia Londres, compitiendo contra la llegada de la noticia, al mercado londinense. Tenía un dato exclusivo, que era como poseer un tesoro anticipado. Utilizó todo tipo de transportes, hizo trasbordos, cortó todo camino posible y arribó a Londres un día antes que la noticia sobre la batalla. El estropicio que hizo es fácil de imaginar, comprando cuanto activo se puso a tiro. Sabía que al día siguiente todo se iría por las nubes y forjó una fortuna (que sería, luego, un imperio financiero). Tanto cultivó dinero y fama, como cosechó odios a granel de quienes lo veían como un «buitre», sobre la sangre de Francia derramada ese día. Hasta Víctor Hugo le dedicó expresamente un poema, y uno de sus versos dice: «Mientras tú vertías tu sangre, hizo su fortuna...». Eso se llamaba velocidad para operar y hacer valer una noticia... dos siglos atrás. Se contaba en días, a veces en meses (si era de un continente a otro).
En 2011
El otro número en el mármol. La nota -asombrosa para nuestro ámbito local- repasada ayer. Y donde la velocidad para operar, ante cualquier hecho, de todo confín del mundo, se está midiendo en segundos. Y ni siquiera eso, los competidores más pesados ya están marcando diferencias en los llamados «milisegundos».
Son los operadores de alta frecuencia, que tanto intervienen en la lucha leal, como en versiones que hacen aparecer al repudiado Rotschild como un pajarito, no como un buitre. Verdaderos buitres los actuales, que interceptan órdenes de terceros para anticiparse y ganar unas monedas (en millones operados, son fortunas). Así giran los negocios hoy, por todas las redes, y la inversión es apuesta pura. Vértigo, que promete más ciclos estrellados.

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