20 de abril 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Abril no luce distinto a lo que fue un marzo donde se conjugaron tantas noticias de peso, y contrarias, para la vida del mundo. No hay, por ahora, nuevos desastres del tipo japonés, tampoco otros focos bélicos como el libio (aunque el mismo siga encendido y preocupante), pero el lunes que coincide con la Pascua si algo no contiene es el rótulo de «santa». Al revés, de entrada nomás parece que Satanás ha querido tener presencia y los mercados se desayunaron, con una novedad que sonaba a increíble: que al líder de las economías le pudiera caber un «rebaje de calificación» por parte de una consultora internacional. Hecho que sirvió para testear la fragilidad en que se mueven todos los índices, cayeron en un «efecto dominó», sin apelaciones.

Mientras esto sucedía (como en los cuentos), en un lugar muy austral y muy lejano proseguía una polémica donde el mercado bursátil solamente puede cubrirse y mirar azorado, de qué modo se cruzan acusaciones, impugnaciones. Entre una de las compañías líderes de la Bolsa -y de la economía del país, vale apuntarlo- versus autoridades del Gobierno que han ido con todo, por todo...

El bombardeo de opiniones resulta saturante; la entidad bursátil debió suspender dos veces la cotización de Siderar -por opuestas cuestiones, acerca de su probable dividendo- y dentro del «paquete» se encuentran pensamientos sensatos como otros, francamente absurdos. (Dejando de lado los que llevan el inocultable sello de lo político, de ambos lados).

El lunes, en contratapa, Ámbito publicó una entrevista con el economista Carlos Rodríguez -del CEMA- y como título se eligió una frase que así como define, trae pesadumbre: «El Estado no debe ser el socio bobo en empresas de vivos...». Los dos conceptos dan para abrir más polémicas y -no sabemos si estudiando y adrede- da una pésima imagen de los dos que están en pugna. Desde el ángulo que nos compete, el bursátil, nos permitimos observar que así como las arcas públicas procuran libar todas las mieles de empresas cotizantes, hay también que plantear qué hacen para fortalecer al sistema donde -han dicho- poseen más de $ 22.000 millones en acciones. Cuando la estrategia emprendida dejará secuelas, deteniendo todavía más cualquier intención empresaria de cotizar (y los que están lo deben estar lamentando). No es mala pregunta.

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