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Cupones bursátiles
Cuando hablamos de mensajes que llueven sobre la opinión pública, a sabiendas de que son muy pocos, cada vez menos, los que están interesados o participan en saber de la Bolsa: sucede que una palabra presidencial o de alto funcionario impacta como si «tal cosa» fuera estrictamente: la verdad.
Y no lo es. Ante todo, porque la posición oficial es de minoría -con su porcentaje de la ANSES- como para pretender imponer condiciones en una asamblea. Segundo, porque criticar ácidamente que la empresa no quiera distribuir utilidades (cuando subió de 403 millones de pesos a más de 1.500 millones de pesos, sobre un capital muy bajo y de 341 millones de pesos) es francamente inaudito.
Pero más insostenible es quejarse -como lo han hecho- por el hecho de que Siderar no distribuye, además de lo mencionado, todas sus «reservas» voluntarias. De las que, a su debido tiempo, habrá de participar el Gobierno: porque son «para futuros dividendos». Voracidad, ansia descontrolada, objetivo de intentar desmantelar a una sociedad a la que -de paso- es bueno recordar que para nada se la defendió (siendo de raíz nacional) cuando el «amigo» Chávez embistió contra sus intereses en Venezuela, llegando a expropiarla.
No hay modo de defender la posición esgrimida, más allá del poder político y real que se enarbola. Poniendo en riesgo inversiones, llegada de nuevas compañías, imagen, o Bolsa confiable. Pena.


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