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Solamente dejar consignado que el cordón establecido, de parte de funcionarios y gente adherida, dejó a nuestra posición como aislada: seguramente, por el alud caído del otro lado, sepultada frente al acumulado de notas y reportajes donde aparecieron preguntas sumamente ignorantes del tema: como respuestas afines a un pensamiento -para nosotros- insostenible.
Quedará ahora en manos de la, supuesta, Justicia que abordó el caso, mientras que otros -también supuestos- «colegas» de Siderar han mantenido un «conveniente» silencio. Y hasta se afirma que no pondrán objeciones ante pretensiones que se lleven adelante, por parte del embate oficial. Por lo que casi deberíamos admitir que muchos otros llevan la razón, siendo nosotros los «locos» de asumir otra posición
-y temer por lo que venga después- cuando, tan tranquilamente, el empresariado ha tomado la avanzada sobre una compañía. No nos interesa de modo especial Siderar, vaya por delante, no tenemos ninguna relación con ella, o directivos, simplemente dejamos planteada disidencia cuando algún asunto nos luce como fuera de lugar. Y -al modo de decir de Churchill- nos negamos a tener que elegir «entre el carro de bomberos y el incendio». Hay momentos, hay cuestiones, donde no hay opción para tomar: la de la verdad es sólo una. Y no dos.
De todas formas, ser disidente aplicando los conceptos que nos enseñaron los clásicos hoy en día es una tarea permanente. Y así, el domingo en suplemento de Clarín, apareció columna de economistas del exterior en la que aconsejan a Portugal entrar en «default» -como a otros-, con total naturalidad. En tal caso, debemos reclamar premio de «pioneros» para la Argentina, como de arreglos unilaterales para estafar debidamente a sus acreedores. A gente que tomó títulos públicos del país y, después, se vio inmersa en una propuesta vil y un canje. Lo curioso es que de dos que firman la nota, uno es portugués, enviando el mensaje de evitar los perjuicios del salvataje y comunicaciones, como para que los gobiernos prosigan en sus administraciones desastrosas, que terminaron en esto. Que lo pague: nadie. Notable.


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