5 de mayo 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Alguien, vaya a saber quién, debería colocarle punto final al desgraciado entuerto formalizado entre una empresa cotizante líder -Siderar- y funcionarios del Gobierno. No solamente se está jugando de una manera delirante con los intereses de accionistas minoritarios e inversores bursátiles, sino con la imagen del propio sistema nacional. Y no hay modo, hoy en día, de ocultarlo, de dejarlo en el ámbito doméstico.

Lo que viene sucediendo está dando la vuelta por las pantallas del mundo, tanto o más pormenorizado que el tratamiento que se le otorga en nuestro medio.

Y todo ha quedado focalizado entre los dos protagonistas, sin que se sepa de otros casos donde la voracidad -para nosotros, desmedida- de las arcas oficiales haya atropellado de tal forma para obligar a repartir hasta el último centavo disponible, sean saldos acumulados o reservas que poseen casi todas las compañías.

Derivaciones

Hay, entonces, formalizada la peor de las escenas, como en un enfrentamiento donde se redoblan los esfuerzos de ambas partes cuando hasta se ha olvidado el motivo principal. Lo que lleva a derivaciones de tonos insospechados, como la intervención judicial, el anuncio de un pago a efectuarse y la doble imposición -de CNV y, por extensión, de la Bolsa- para «suspender de modo indefinido» la cotización de las acciones de Siderar. Un regio papelón que, difícilmente, registre antecedentes en otros mercados. Pero donde está a la vista que nadie se da cuenta de que se está dañando la delicada epidermis que posee un mercado bursátil, las huellas que le quedan bajo la mirada de todas partes.

No puede adjudicarse esto a que la semana haya comenzado con dos bajas fuertes de negocios, tocando el martes menos de $ 29 millones (promedio de abril, que era bajo, alcanzaba a los $ 48 millones diarios).

Puede que tenga más que ver con la planicie, e inquietudes, que abordaron a los índices en todo el mundo -Bin Laden mediante-, aunque sin descartarse el triste show que se está ofreciendo entre un Gobierno -que además es socio de la empresa- y el grupo de control de Siderar. Nada de recato, de reunirse en privado, de llegar a soluciones. Todo a viva voz, bien mediático, como para llegar al grotesco impresentable.

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