9 de mayo 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

 «La situación está complicada, pero lo concreto es que en mayo el efectivo viene siendo rey». Párrafo final de la nota del viernes de nuestro colega que da la imagen de lo que sucede a diario en Wall Street. Y nos pareció que era una de las claves para poder no explicar pero, al menos, tratar de interpretar en la senda correcta la bajante de aguas. Que fueron inundando todos los mercados, no sólo los de valores, todas las cotizaciones, en una especie de estampida (como cuando se observa, en la sabana africana, que los animales acechados por los temores cercanos salen disparados).

No es pura casualidad que esto se haya dado a partir de las noticias sobre la muerte de Bin Laden y cubriendo todo el trayecto con suma flojedad en los índices. Hasta arribar al viernes, donde se produjo un rebote que, ni por asomo, podía salvar los saldos completos pero contribuía a evitar que la disparada se acelerara mucho más.

En una palabra: sirvió para frenar en parte a la «manada» de los operadores, que venían mostrando desesperación y total prescindencia por los límites con tal de juntarse con «cash is king» (que nos refería en el título nuestro colega). Y por más que en comentarios que llegaban del exterior se pretendía dejar de lado que lo que espantó a la «manada» fue el inmediato temor a revanchas -por Bin Laden-, no hubo ninguna otra explicación confiable que surcara el panorama de los mercados. Es zona de «temor» intenso, se producen las bajas -y fuertes-, así como es zona donde se dispara «la codicia»: se generan gráficos sostenidos y alcistas. En este caso no se trató de un temor proveniente de lo económico o lo financiero, como sucede desde 2007, sino que se pasó al andarivel de la inseguridad y desconfianza, que estará impregnando la vida de los países (que por algo lanzaron la señal de «alerta»).

En tales casos, de temor profundo, ningún refugio se considera tan apto como reunirse con la inversión «en efectivo». Y esto mostró esa realidad de intensas podas en todo el espectro de activos transables. Lo preocupante es que esto mantendrá en vilo a los operadores, de aquí en adelante y con el dedo en el «gatillo» vendedor, aunque suenen fuegos de artificio en cualquier parte.

Si se le suma a los dilemas de las economías, que siguen estando allí, es un menú indigesto.

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