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Cupones bursátiles
A raíz de ello se confeccionan notas muy traídas de los pelos, como la que vimos en «Perfil» del fin de semana y alertando que las compañías -obligadas a entregar dividendos- restarían dineros para la inversión.
Inviable
Cuando los verdaderos escollos para poder animarse resultan -desde hace rato-las elásticas «reglas de juego» que se proponen, haciendo inviable cualquier sondeo a futuro.
Así como un estado de inflación en grado mediano y con tendencia a la suba varias veces superior a cualquier referente próximo en la región.
Hay mucha hipocresía dando vueltas, mucho discurso que disfraza las verdaderas motivaciones. Y si bien el propio juego de mercado implica intentar simular la verdadera actitud del operador en la negociación, para sorprender a su contraparte, llevado al plano de gobernantes y gobernados, luce como un dislate que a nadie puede beneficiar por más que en cortos lapsos se puedan sacar fotografías con un pie arriba de la presa ultimada.
Todos pierden
Nadie gana, todos pierden, el sistema bursátil está incluido entre las víctimas. Sin poder entenderse, desde el ángulo de lo racional, cómo es que no se tienden puentes -para pasar todos hacia el territorio de la prosperidad-, haciendo enemigos donde no los había.
¿Qué mejor, para un gobierno, que una de sus pocas empresas de orden internacional, pueda ser todavía más grande y proporcionar trabajo, aumentando posibilidades de más dividendos?
¿Qué mejor, para las sociedades, ganar mucho, distribuir en proporción, efectuar inversiones para ganar más? Nada mejor que eso. ¿O lo hay?

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