18 de mayo 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Cada vez se torna más dificultoso, a pesar del gran arsenal de estrategias y de ingenio que poseen los que alimentan a los mercados con sus diagnósticos diarios, poder escabullirse de una tónica a la flojedad que pugna por aparecer: en los índices que permanecen en superficie en 2011. Mientras que otros, como los llamados «emergentes», que por más publicidad que reciban están con la cabeza bajo el agua, en estos cinco meses y medio.

Vimos el repaso de todos ellos durante el lunes en esta columna, y donde el Dow Jones prosigue mandando con poco más del 9% en su cuenta del ejercicio. Como se pudo ver, no se está transitando por un buen recorrido bursátil en el mundo, si bien se puede todavía «muñequear» las zonas que deberían impartir una corrección, para oxigenar, barajar y dar de nuevo, procurar que los precios se hagan más tentadores, como para llamar a carteras, que ya están más remisas a participar del riesgo puro, en un mundo económico que es un riesgo potenciado. Puede que si la demanda se muestra todavía más cautelosa y tímida, las filas de la oferta no se desarmen de modo sencillo. Y allí se generaría el famoso lugar común denominado «cuello de botella».

Cuando las fuerzas se evidencian sin muchas ganas de romper los límites y las «líneas de corte» van satisfaciendo a las dos puntas. El ser, o no ser, pasaría ahora por dejar de alimentar subas que no poseen respaldos sólidos. Y tampoco liquidar posiciones fácilmente, porque las alternativas -y los «bienes sustitutos»- están también en alturas indeseadas. Y las rentas fijas no seducen en buena medida, al que está acostumbrado a otro tipo de «premio» por su capital.

El fenómeno del bajo volumen, que tanto reitera nuestro columnista sobre Nueva York y su Bolsa, como debemos apuntarlo aquí, resulta la evidencia mayor de una detención de flujos que sucede en todas partes.

Puede que el temor convierta a los que eran inversores, o apostadores, en solamente «atesoradores» de los bienes y en procura de recalar en lo más seguro frente a la desorientación sobre el porvenir económico, que va en todas direcciones. Aquí, donde la situación tiene todo para sa-car partido, se sigue en cavar trincheras, en vez de hacer puentes. (El litigio con Brasil, aparece como un testimonio: insólito).

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