16 de junio 2011 - 00:00

Cupones Bursátiles

Si lo conservó el lector, haga una revisión para comprobar que no es una fantasía lo que vamos a decirles en la mayoría de las páginas, relacionadas con distintos países y economías, de nuestro Ámbito del martes, se volcaban informaciones -también opiniones, de carácter internacional- que era como para «apagar la luz» de los recintos bursátiles. Para solamente reabrirlos, cuando surgieran reales novedades positivas y que alienten a tomar el riesgo puro. Esto constituye el escenario previo, de la fecha que se llevó a cabo después. Y el final «feliz», de la minihistoria que empezó y terminó el martes: fue ver que casi todos, en todas partes, anotaran rebotes de bastante magnitud. ¿Basados en qué, diría uno? Pues, al incorporarle a los resultados -que tuvieron como fuerza de arrastre al Dow Jones- y enterarse de aquello que se adjudicaba como promotor del impulso inesperado, ocupaba un lugar preferencial el vergonzoso y nunca gastado motivo de decir: «Retrocedieron las ventas minoristas, pero menos de lo esperado...». Para darle un poco más de vida a lo que era una «cajita feliz» -para incautos-, se mencionaban ciertos ratios de China y su economía.

No hay espacio posible, aunque utilicemos varias de estas columnas, para mencionar sobre las novedades tan negativas publicadas el martes. Por lo tanto, si el lector desea efectuar el repaso, por tales páginas, en mucho ayudaría a darle consistencia lo que aquí expresamos ahora. Para utilizar alegoría que venimos tomando de cabecera, pues, que los pícaros de siempre sacaron el «comodín» capaz de unir cartas de bajo valor y armar nuevamente un «juego», que repercutió en buena medida generando esa rueda de saldos positivos.

Un mecanismo tan burdo, como gastado, como si se dijera que un balance apareció

con números contrarios abundantes, pero inferiores a lo proyectado y -desde allí- convertir lo malo en auspicioso. Nada más que, en lugar de un ba-

lance particular, se lo ensaya sobre índices de la econo-

mía total.

Seguramente, inflar más de la cuenta la «predicción» y -al ser más atenuada- considerarla como un estímulo favorable. ¿Quién no desea ver surgir novedades de peso, que indiquen mejores tiempos? Y que a través de eso, los mercados lo reflejen con entusiasmo. Otra cosa es convertir evidencias malas en buenas, y actuar a partir de ello. Penoso.

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