Cupones bursátiles

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Decíamos en la columna anterior, referida a ese rebote general en los índices del mundo, que había resurgido el «comodín» para acomodar barajas dispersas y armar un juego para ir hacia arriba. Pero, al unísono, los tan débiles motivos que se utilizaron. Por un lado, fijarse en los chinos y algún buen indicador de ellos -en que siguen con la preocupación principal, en detener al avance inflacionario-. Acompañando a la vergonzosa idea de que un indicador de «ventas minoristas», en Estados Unidos, que había venido en descenso: se tomara por «favorable», porque se había estimado en menos.

Una rueda que se construyó con pies de barro, sin siquiera poder perdurar más allá de la siguiente.

Semana que venía ya cargada de un cúmulo de noticias -y opiniones sobre futuro- adversas para el escenario global (que invitamos al lector a repasar) y con más de ellas al llegar al miércoles. El «volcán griego» con erupción interna política y social, líderes de su región que barajan supuestas soluciones, después dudan, aparecen disidencias, se toman un tiempo que la situación tensa no permite. Y desde los Estados Unidos la reiteración de un dato inflacionario, al que en el mes previo se había dado como solamente temporal -según mensajes que bajaban funcionarios del Norte-, pero que en medio de la polémica, para permitir más déficit, envía su señal sumamente peligrosa, y todo se fue al diablo, con la misma intensidad que se había demostrado en el rebote previo.

La tranquilidad que nos queda, al remarcar lo bueno y lo malo, poner en serias dudas las motivaciones que se originan de manera artificial y con cualquier hecho -o dato- muy cuestionable, es ver que tales intentos cada vez tienen menos poder: de prender en los mercados. Lo que se vino perfilando, la corrección a fondo, el sinceramiento, para ubicar a los mercados más en líneas con lo que ofrecen las economías actuales: siguen viéndose impedidos por los que provocan esos repuntes precarios, con tal de ganar tiempo y que emerjan verdaderas noticias alentadoras, para el contexto en que se mueven las Bolsas. Está todo muy difícil para hacer evaluaciones ciertas, tanto de índices como de acciones, en cuanto lo «caro», o lo «barato» -dos impostores- habrán de serlo según se desarrolle el camino por delante. Y, en todo caso, se convierte más en una apuesta que en un análisis frío. Donde lo que es inversión, se deviene en azar. Nos parece.

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