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Cupones bursátiles
Que después de que marcaran los índices en los mercados de riesgo, en su tendencia y en sus gráficos, resultaba la expresión máxima que podía tomarse. Como modo de manifestar opiniones dispersas, a través de una simple lectura: el indicador de las Bolsas. Pero, agregando otra de las delicias que nos reservaba la cruel vida moderna, el techo de máxima altura ha sido superado. Y es así que en días pasados se conocieron datos de un famoso centro de apuestas, donde detrás del frágil arreglo de la situación en Grecia (al menos, por el momento) lo que se presentaba para que los jugadores pudieran apostar era ¿cuál será el próximo país europeo que necesite un salvataje». Y a partir de allí, tal como sucede con la apuesta sobre una competencia deportiva, comenzó a llenarse el paño y se fueron difundiendo los distintos «sports» que abonaría cada país involucrado. Ampliamente favorito, a tal punto que por cada «1 euro» apostado solamente se cobraría «1,10 de premio», resultó España.
Regreso
Vaya la gracia que les habrá hecho a los españoles tener tantas apuestas colocadas en su contra. Y el mismo día en que surgían declaraciones del presidente del «eurogrupo» -Jean-Claude Junker- donde descartaba que existiera riesgo para Italia, España y Bélgica. Mientras que Irlanda y Portugal, según su análisis, «están en el camino del regreso a los mercados».
Es indudable que no existe relación entre palabras de tan alto funcionario europeo, con la abrumadora opinión de verdaderos apostadores que le colocaron semejante pronóstico a la economía española.
Los verdaderos mercados, los bursátiles, vienen siendo mucho menos agresivos con España. Si bien en junio el índice de Madrid debió sumarse a las caídas globales, en el total de 2011 sigue resultando uno de los pocos -tres en total- que puede estar mostrando un leve positivo, para las carteras que lo integran. Se formalizó así un triángulo siniestro, entre un funcionario optimista, un mercado de riesgo más sobrio, más un centro de apuestas llenas que lo crucifican. El pellejo que está en juego es el de un país. Triste.


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