4 de agosto 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

 ¿Quién puede estar tan interesado en que el mercado local no siga un curso natural, asociado al exterior, incidiendo en algunos papeles clave del Merval? Se nos dirá que el primer interesado es el simple inversor, pero creemos que el inversor sensato sabe que oponerse a la tendencia implica generar presiones excesivas. Y a menos que se tenga la suerte de que el mundo gire sobre sus talones, de pronto se paga la baja toda junta. La rueda del martes resultó sumamente delatora de tal estrategia, proviniendo de la cartera «misteriosa», porque Europa siguió en su caída a plomo del lunes, acusando descensos graves en sus principales índices. Y en la ocasión se plegó el Dow Jones, con una brusca merma que superó el 2%, imitado por el Bovespa en similar magnitud. Sin embargo, Buenos Aires se mostró como ajeno al escenario que llegaba y derrapando apenas un 0,6%, en su versión líder principal (la mitad en la de «sede local»). Al repasar por especies, solamente «17» tuvieron aumentos por otras «45» decreciendo. En la nómina principal se anotaron caídas de entre más del dos y hasta más del tres por ciento. Nada de los ratios consultados prestaba aval a una baja tan suave del índice mayor. Salvo... el efecto conjunto de quienes -no creemos que por casualidad- sirvieron de amortiguadores. Una, Grupo Galicia, el de mayor peso en el ponderado, con mejora del 1,66%. Otro, Telecom, que subió en medio de las bajas, hasta el 1,16%. Y formando el terceto mayor, la plaza de Pampa, que subió el 1,16%.

Con esas tres, más el concurso de alguna otra de calibre menor, se logró brindar una imagen virtual de la rueda que nada tuvo que ver con los sucesos globales, tampoco con el marco general en nuestro recinto.

Si por alguna razón especial, de tono bursátil o de otro cualquiera, se fabricó una tónica artificial para la estadística -la dispersión mediática- resulta un mecanismo nocivo para el mismo mercado que se desea proteger, disimulando que caer junto con los otros competidores es «malo». Nunca se debe falsear la realidad, porque si hay acumulación de retrocesos del exterior y aquí se insiste con que eso no nos alcanza: lo que puede provocar es que carteras que pierden en otras partes se cubren vendiendo aquí. Y tal presión es insostenible. Parece que siempre hay quien cree que puede ser «dueño» de la tendencia. (Y eso es burdo).

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