Las alzas -aunque sean desmesuradas, sin los fundamentos para ello- suelen considerarse como normales. Las bajas siempre generan expresiones de malestar, aunque resulten el modo natural en que los propios mercados realizan sus «correcciones». Y por más que los impulsos y los argumentos pueriles generen movimientos, por encima de las posibilidades sensatas: los mercados se sumergen en la realidad de sus contextos -política y economía- produciendo sacudones de diversa graduación. Cuanto más haya para corregir, tanto más ruidosa será la figura espectacular de la caída. Sólo hay la seguridad de que se hallará un punto donde hacer pie con confianza y que «la oferta cree su propia demanda», rearmando movimientos más parejos entre las fuerzas. Cuanto más natural e impecable resulte el proceso, menos tiempo se insumirá en restablecer el aparato circulatorio. Pero si surge la desesperación (como se ha visto en las informaciones recientes) de gobiernos que quieren colocar «tapones» como sea. Si anuncian que serán los receptores de títulos «tóxicos» soberanos, o que surjan inquietudes para tomar acciones con entidades oficiales, lo único que logran es fabricar un escalón intermedio -artificial-, detrás del cual es muy probable que las presiones reaparezcan, hasta llegar al verdadero, indiscutible, piso que atraiga a la demanda. Una lamentable «muestra gratis» de colocar barreras burdas a las bajas la tuvimos en días pasados. Y en nuestro medio. Cuando hablamos de una «extraña resistencia» del Merval, del artilugio de apretar los botones que más pesan en el índice a través de ello, pretender que lo exterior no nos alcanzaba (figura que quienes están en «bonos» también lo insinuaron). ¿Qué sucedió, desde el jueves en adelante? Pues que, vulneradas las vallas, el mercado local fue el que más sintió la caída consecutiva. Tanto el jueves, con el 6%, seguido por el viernes con el 1,3%. Y rematado por un lunes durísimo y donde el panel líder cayó casi el 11%.
Bueno, de estos «muchachos ingeniosos» -que creen que pueden oponerse a la tendencia- está lleno el mundo de los mercados. Y cuando no pueden solos, son ayudados por políticos que se agarran la cabeza y no quieren dejar que los activos tomen el nivel que deben alcanzar, naturalmente. La realidad económica global implica que los mercados lo reflejen con claridad. Y es lo que están haciendo. Dos más dos es cuatro, pero muchos no lo soportan. (Y meten mano, para hacer enchastres, como ahora.)
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