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Cupones bursátiles
Decíamos en el comentario sobre el desarrollo del miércoles que vienen progresando en el tiempo los muchachos de Bernanke. Primero, armando salvatajes públicos, días atrás sacando de la biblioteca un plan diseñado con el seudónimo de twist en clara referencia al baile de moda en la década de los 60. Arrancaron desde los 40, fueron veinte años más adelante. Habrá que revisar libros de los 60 para adivinarle a la Fed qué nueva medicina están por anunciar. En tanto, desde el Fondo Monetario su titular no pierde ocasión de mostrarse anunciando tormentas diversas para todas las regiones y economías. Lo bueno de esto es que todavía hay muchos que se preguntan por qué las Bolsas siguen bajando. Casi como para recitarles la ciertamente tonta expresión de Clinton y decirles: «Es la economía, estúpido». Los espejos, los mercados y sus índices devuelven la imagen que cada uno comenta, con palabras, en su casa. El mundo es un desastre, nadie parece saber bien hacia dónde se encuentra la salida. Y van disparando balas de salva pretendiendo que son de plata. Mientras, el cargador se va quedando vacío y a cada nueva intentona más se sigue mellando la confianza de operadores y ciudadanos de los países. Ver índices bursátiles alcistas sería un ridículo, insostenible por cierto tiempo.
Y así es que la tendencia bajista cobró cuerpo definitivo, aunque el inversor más calmo probablemente advierte que se aproxima una zona «de compra», no para salirse de posiciones. Que cuesta expresarlo en medio de la tormenta, pero es lo que el «libro de oro» de los mercados mantiene como una de los postulados inalterables. Hasta existen frases crueles para ilustrarlo, como aquella que expresa: «Hay que comprar cuando corre sangre en las calles». Sin tomarlo literalmente, puede decirse que hoy está «corriendo sangre» por los recintos y las economías.


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