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Cupones bursátiles
Todas las debe soportar el sistema local, que ahora distribuye atención en diversos frentes y cuando uno se ve armonioso y positivo, el otro se sale de marco. Por lo demás, no existen mayores incentivos de orden doméstico, quedando también otro interrogante -que bien lo define el dólar y sus vericuetos- acerca de la política económica, que seguirá al nuevo mandato presidencial y si se genera una «hegemonía», en la distribución del poder político. Realmente, demasiado para cargar sobre espaldas tan encorvadas -como son las de nuestra Bolsa- que, por el momento, sigue arrastrando la «cruz» de resultar el índice más perjudicado del mundo, con su densidad de pérdidas. Ahora, más que antes, es donde hay que levantar la mira si se desea participar en acciones argentinas.
Son vallas altas, vallas que surgieron imprevistas en algún caso -como lo del «real» y sus movimientos-, que es poco probable que aliente a una demanda decidida. No hay porvenir inmediato, ni medianamente claro, por lo que solamente está el plato servido en función de elegir una selecta cartera, en base a condiciones y posible proyección en cualquier escenario, comparar números de estados contables con los de mercado. Y arrojarlo en un «cajón», como hacían los ancestros, hasta llegado el momento de la reversión de ciclo. Lo otro, el juego corto, la adrenalina pura, el riesgo calculado -o el riesgo desmesurado, en caución o en opciones- está reservado a la «raza» de los literales «jugadores» de Bolsa. Los que apuestan están en su «salsa», pero para eso hay que tener un temple muy especial. (Y a veces, así se termina...).


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