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Cupones bursátiles
«Desde el punto de vista económico, es ahora preferible ser francés a británico...». Flaca alternativa, diría alguien sensato, sentirse como «ganador» porque a otro involucrado le va todavía peor.
Por otro sendero, se hace más ruido con el ya remanido y llamado «impuesto Robin Hood», con la finalidad de gravar operaciones financieras y apegarse al legendario eslogan de Robin (y sus secuaces), que era el de «robar al rico para dar al pobre». Ya se han echado a rodar cálculos sobre cuánto dejaría en recaudación el impuesto, mientras no existen movimientos ni comentarios serios acerca de las pésimas administraciones de la gran mayoría de los gobiernos del mundo. En tal caso, el paralelo doméstico nos calza con el mundo del fútbol local, que cada vez solicita más refuerzos de arcas del Estado sin que en la AFA se promulguen marcos estrictos para los que dirigen los clubes y utilizan el dinero sin controles. Hasta dar la lastimosa imagen que se viera en estos días, con elecciones en dos entidades de las mayores y reconociendo deudas espectaculares. La última postal proviene de los «indignados» de Wall Street, pero que están del lado de adentro (tal la nota en Clarín) y donde los bribones que participaron de todas las fiestas ahora aparecen como críticos del propio sistema (algo así como George Soros disfrazado de filántropo).
Con todo lo que sigue en escena, solamente desde el espíritu bursátil más arraigado se puede imaginar un 2012 que resulte mejor que el desastre que está culminando. Los que están en el corazón del ambiente bursátil necesariamente deben tener esa visión optimista (como la expresó Adelmo Gabbi en el cóctel con periodistas días atrás). De lo contrario, se hace imposible permanecer dentro de la inversión del riesgo puro, como la de Bolsa. Todo luce mal, ojalá que todo vaya mejor. Así sea.


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