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Cupones bursátiles
-como Argentina y Kazajistán-, con el acento en bancos e hidrocarburos». En tren de hilvanar cuestiones que dieran explicación de un mercado local que -en sólo cuatro ruedas- movilizó más de $ 300 millones efectivos en acciones (que en diciembre le costaba como diez reuniones) imaginamos a este calvo y sonriente señor -hay foto en la nota- como el «Colón» que vino a descubrirnos y a colocar los dineros del tal Fondo, en nuestros papeles. Dejando de lado la triste imagen de contarnos dentro de los «fronterizos» y cotejable con mercados como el antes mencionado más Nigeria, Vietnam y Kenia...
(Se agrega en el cable que se califica de «fronterizos» a mercados «más pequeños y menos líquidos»). En verdad, esa doble condición la hemos poseído casi siempre -salvo las zonas de «boom» temporales- y no caímos en tal categoría sino que para la calificación que nos ganamos, hubo otros factores (de los que mejor no hablar).
El hecho es que no viene mal hacerse la película de que un Fondo extranjero, bajo el mando del señor calvo y sonriente, fue el que derramó dólares (vaya a saberse por dónde, de qué modo) en nuestro sufrido y flaco Merval de 2011. La contracara de ello, siguiendo con la película de que fuera cierto, es que así como se entra en tal tipo de mercados también se sale sin aviso previo. Son del tipo de colocaciones que «engordan» algunos momentos de una Bolsa, pero no ayudan a criar «músculos». Venga de donde haya llegado, semejante colchón de operaciones no es sencillo de sostener en el tiempo. Y está latente el riesgo de una contracción de demanda que triture cotizaciones, así como antes fueran infladas.
Haber tomado al peor mercado del año anterior, el 30% de baja, en el fondo del pozo y darle un empujón alcista para sacar utilidades jugosas, está dentro del libreto. El tema es anticipar la jugada, cuando decidan tomar el beneficio. He ahí todo.


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