11 de enero 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

El lunes ya nos mostró una división bien visible, respecto de la primera semana del año. No tanto en lo que hizo a evolución del índice y que se serenó alineado con la onda que llegaba desde afuera.

Después de un atracón histórico, como pocas semanas iniciales de un enero, con semejante suba de más del 12 por ciento (en sólo cuatro ruedas), simplemente el mantener el terreno ganado era más que satisfactorio.

El tabique que se construyó de viernes a lunes fue respecto de las órdenes giradas. Y que dieron un total de casi la mitad de lo realizado en primeras ruedas de 2012. Lo mejor que puede decirse, en tren de ir buscando el perfil del movimiento, es que ante semejante rebaja de marcha -de una cuarta, a una segunda-, los precios no salieron por el «parabrisas». Y es loable que se haya manifestado una disciplina en el desarrollo, acomodándose la oferta a esa rebaja de impulso en la demanda.

Fue un comienzo interesante, dentro de un período que deberá ser útil para darle identidad a ese arranque feroz de comienzos de ejercicio. Y advertir si se trató justamente de eso -un impulso- o está en gestión un desarrollo con estrategia detrás. Darle descenso al movimiento, no atosigarlo con más alzas y fuera de marco con el mundo, para que las utilidades obtenidas depuren lo necesario. En fin..., simples disquisiciones para darle valor a lo que vimos en nuestro mercado, en cuanto pisamos el nuevo año. ¿De dónde cayó el meteoro que se llevó tantos millones en papeles? Y si esto no se prolonga, queda aislado nada más que un comienzo y se vuelve a la normalidad de 2011, ¿a qué se habrá debido ese aterrizaje en Buenos Aires, llevándose acciones con la pala? (Además, para qué tanto fuego y aceleración en pocos días, pudiendo llevarse lo mismo sin hacer tanto ruido...).

El lunes no empalmó con lo previo, se vio un desarrollo mucho más sobrio, obediente, cauteloso y solamente neutralizando las zonas bajistas. No alcanzan las señales para arribar a ninguna conclusión y solamente hay que seguir enhebrando las ruedas para alcanzar suficiente material y exponerlo para ver si va tomando forma. No se espera un ejercicio jubiloso para los balances; en todas partes se habla de temores y de contracciones, por lo cual el «adelanto» no asoma a nada previsible que signifique camino de rosas. Todo sigue oliendo a extraño; lo rastreamos.

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