13 de enero 2012 - 00:00

Cupones Bursátiles

Tercera rueda/evidencia de la semana en que fuimos rastreando lo que ahora sabemos: es la «cola» del cometa que pasó por el Merval en primera semana del año. Y se produjo un dibujo muy simétrico, en escala descendente, donde se abrió el lunes con $ 55 millones, decayó a los $ 50 millones el martes, haciendo nada más que $ 45 millones de efectivo el miércoles. Al momento de esto escribir todavía no se largó la rueda del jueves, pero con tres fechas ya puede decirse -a menos que aparezca de nuevo un «Colón», en nuestra tierra- que no existe en el «ADN» de ambas semanas, ningún tipo de parentesco. Y más nos promueve la intriga sobre qué grifo se abrió, tan súbito y caudaloso, en los cuatro días previos a Reyes...

De ponernos más en detectives, hubiéramos realizado consultas diversas dentro del ambiente -léase, agentes bursátiles- y probablemente la pista más certera hubiera llegado a detectarse. Pero preferimos -desde siempre- contemplar y analizar situaciones, desde el mismo ángulo y distancia que todo inversor común. Será porque nos fastidia mucho cuando en las notas aparece el remanido «dicen los especialistas» (o apelativos por el estilo). En fin, cada quien hace de su estilo periodístico lo que desee, después los lectores son quienes juzgan.

Habíamos también incursionado con ese dúo dinámico europeo -Merkel y Sarkozy- al que sólo le falta presentarse en distintos escenarios y realizar «shows» en gira por los países. Cada uno con sus propios intereses, aunque parezca que lo hagan por el «bien común» de los europeos. El francés, apretado por elecciones cercanas, quiere dar cualquier golpe de efecto que le revierta la imagen perdedora. La alemana, sumamente tranquila y hasta gozando de que los tomadores de sus papeles de deuda le pagan a Alemania (en un hecho singular sucedido días atrás). Siguen dando vueltas con varios temas de arrastre -como Grecia-, pero continúan en la idea del gravamen a lo financiero, y de ser por Sarkozy, irían directo al suicidio, ya que piensa en hacerlo país por país, aunque no haya un acuerdo regional. Sería bueno verlo en un caso «virtual» y comprobando de qué modo huiría el capital de Francia hacia mercados sin gravamen especial. La desesperación de todos se percibe en cada paso, en cada mensaje, mientras el mercado toma nota y da nuevas vueltas de tuerca: fiel a su espíritu y sin piedad ninguna. Como debe ser (aunque a los políticos les disguste).

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