1 de febrero 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

 ... Y Sarkozy lo hizo. Frente a la negativa de otros países del continente europeo para aplicarlo, cumplió con advertencias que se habían hecho desde su gabinete y anunció -para Francia- el gravamen a las transacciones financieras. En realidad, formó parte de un «combo» que incluyó otros anuncios. Y que deberán poseer incidencias y -posiblemente- reacciones sociales. Pero nuestro sesgo es hacia lo financiero y como veníamos siguiendo de cerca la intención -que después había quedado relegada- no podemos obviar el comentario cuando... Sarkozy lo hizo. Un presidente que, como varios otros, se encuentra sumamente apretado por la sombra de una derrota electoral.

En anterior columna repasamos el discurso de un candidato de la izquierda francesa, quien -como tema principal- afirmaba que su principal enemigo era el mercado financiero. Y todo dicho; tiene sentido que el Gobierno haya salido a disparar frontalmente, con el racimo de medidas. Sin embargo, un Sarkozy que tiene las elecciones a tres meses vista menciona que ese gravamen se aplicará recién desde agosto. (Más bello hubiese sido que la aplicación fuera inmediata, como para ver qué respuesta le daba el mercado a la fluidez de capital de Francia y sus papeles.) La pretensión, según han dicho abiertamente, es que «los demás nos sigan». Ellos han hecho cuentas virtuales sencillas, habrán tomado el promedio de negocios que en el presente y el pasado se realizan y le aplicaron el 0,1% del impuesto, con lo cual llegaron a la bonita suma de unos 1.000 millones de euros de recaudación. La pregunta sigue siendo ¿por qué se deja para agosto y tan buena recaudación no se inicia ahora? Respuesta posible: que al jugarse Francia sola por tal medida, el capital -que siempre busca las mejores alternativas- es probable que se corra de Francia, en cuanto pueda. Si ello sucede se daría un doble efecto inverso, contar con menor flujo de capitales y -por lógica- recaudar mucho menos de lo deseado ahora. De lo que se entiende más la causa de hacer ruido con el anuncio, pero dejarlo postergado unos siete meses (y puede que ya Sarkozy no esté en el poder). Las medidas desesperadas, o las que se insinúan, siguen siendo del día. Y así se ve también que los griegos se ofenden porque los que les prestan ayuda quieren monitorear de qué modo cumplirán con los deberes prometidos. Esto después que un ministro de Grecia reconoció que firmó sin leer acuerdos de 2010. Un mundo sin timón, una nave al garete (sólo falta un capitán italiano)...

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