18 de abril 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Dejando de lado si debía o no realizarse, si eso implicaba -o no- entregar soberanía, tenemos para nuestra opinión personal que de todas las privatizaciones que se concretaron al inicio de los 90, la de YPF era la mejor diseñada. De modo esencial porque no le otorgaba a nadie la mayoría y participaban otras compañías locales, que cubrían una porción del capital. Quedaba también una franja para las provincias productoras de un 16%, y el Estado conservaba presencia y poder en las decisiones. Más allá de incorporarla como una sociedad cotizante en Bolsa y, en un detalle que muchos se encargaban de soslayar (la mayoría porque no adjudican la fundamental diferencia que tiene un capital abierto respecto de uno cerrado), la empresa como «sociedad anónima» yendo a tener que presentar balances trimestrales, siendo monitoreada desde varios entes de control, Inclusive, desde los simples inversores minoritarios. Después de eso, todo se fue «enchastrando», así como se modificaron las condiciones originales. Y permitiendo que compañías más grandes se devoraran el porcentaje de las más chicas. O que las provincias, en su clásico vivir con desesperación, pudieran vender la participación que poseían: una tras otra, lo fueron haciendo para -finalmente- culminar en que una sociedad española -Repsol- pudiera hacerse del control de YPF. La historia no tuvo un solo capítulo, como en las demás privatizaciones, resultó una novela seriada y en cada capítulo siguiente más se destruía la buena diagramación y espíritu original. En el día de hoy, con estos anuncios, todo se ha convertido en un «matete» de opiniones. En alto porcentaje insistiendo en confundir valor y precio, sacando cuentas por televisión si en función de las cotizaciones actuales al Gobierno le alcanzaría «con el dinero de la ANSES...» (un disparate). El tema primordial resultó la medida de la «intervención» a la compañía (donde representantes oficiales se sentarán en el puesto de mando todavía sin poner un dólar), modo de ganar tiempo y llegar al punto más conflictivo, que será cuando deban decirles a los expropiados a cuánto les quieran pagar sus acciones. Otros, más obnubilados todavía, hablan de «empresa mixta» porque serían Nación y provincias los participantes, cuando lo «mixto» proviene de ser capital público y privado. Las cosas que hay que oír... (Dios nos salve).

Dejá tu comentario