16 de mayo 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

El «apagón» del lunes, en cuanto al volumen de negocios con acciones, que lo deprimió hasta no más de 30 millones de pesos, dejó aristas preocupantes en lo que hace a ver un máximo de estrategia defensiva (la oferta cerrando filas, sin presionar) que fue vulnerada totalmente, hasta hacer que los precios fueran la «variable de ajuste» dentro del día. Un 3% no desentonó, en lo que hace a cotejos con otros índices del exterior que se movieron en tal franja de caída. Pero ese mercado sin fondo alguno, con una alarmante ausencia de la demanda, estuvo situado a una semana de aquellas dos ruedas jubilosas (y donde hasta se trepó un 6%, con órdenes en los 76 millones de pesos).

En riesgo

Una marca de «elasticidad» brutal, desde el extremo donde faltó «papel» y obligó a un salto en cotizaciones. Hasta llegar al otro, donde la oferta se tuvo que comprimir hasta el máximo posible y -aun así- sin conseguir protección sobre los precios. De paso, la reconquista de un nivel arriba de los 2.300 puntos se vio el lunes carcomida y sometida a ver el piso de abajo -de los 2.200- nuevamente en riesgo de perforación. En el ida y vuelta se manifestó con crudeza la desnudez de un mercado que no cuenta con la válvula de seguridad, la atomización de posiciones en muchos inversores de «clase media», con la secuela de ello en la «polarización» de ciertas carteras que poseen el poder de protagonizar «golpes de mercado», aunque sea por tramos cortos.

Un Merval capaz de salirse de la «manada» de índices globales, generar insólitos resultados, para diluirse súbitamente y retornar a su marcha natural. Ya no juega mucho si «caro», o «barato», si buenos o malos balances, sino solamente la decisión de unos pocos para cambiar la dirección y sorprender a muchos. De allí que toda descripción desde el ángulo de las variables y, mucho más, los pronósticos que puedan ensayarse se estrellan ante la realidad de un camino que tanto se acopla, como se aparta, de los principios ortodoxos para llegar a conclusiones. En un ejercicio donde los principales competidores de las acciones no ejercen atracción para el capital disponible, lo bursátil se encuentra más relegado que nunca. Una tarea de demolición que lo ha borrado de la mente de la gente común, para que algunas carteras puedan dibujar su propio juego. Triste.