24 de mayo 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Las subas, las bajas, el dinero, los papeles, aparecen y desaparecen como de la galera de Mandrake (para los jóvenes, un famoso mago de cómic) y del mismo modo se alternan las noticias: o todas malas, para el mismo plano, o varias buenas, que congenian dentro de una misma semana. Lo primero tiene que ver con lo bursátil, en todo caso un «mal menor» dentro del gran escenario de las economías. Época en la que la siempre existente porción de «juego», que participa en el total de lo que llamamos «inversión», ha venido tomando mucha más presencia global.

Casi para decir que se invirtieron los términos y, ahora, la llamada «inversión» es un segmento minoritario dentro del total del «juego». En todo caso, producto de la masacre vivida desde 2007 y los millones de participantes, de las filas de la «inversión» fallecidos en el frente.

Reacciones

Las caídas de volúmenes, en todo recinto -empezando por el propio NYSE- y el aspecto de gobernabilidad que se destila (por parte de ciertas grandes carteras concentradas, con grupo de «casas de inversión» y analistas, subordinados a ellas) consigue que lo que se deprime sin remedio en cierto lapso emerja de sus cenizas y se flamee con reacciones bien notorias. Nuestro propio mercado, tan pequeño y raído, es una «muestra gratis» con sus propios golpes de mercado de lo que impera en las Bolsas de hoy. Hay que solamente intuir qué saldrá de la galera de Mandrake en un período dado. Arriesgar a tomar los papeles en la pendiente, cerca de cuando «mágicamente» aparezcan ciertas noticias alineadas, que quieran demostrar cambios furibundos. Que los chinos, amenazados por la recesión, después resulten motor de todos por haber variado en... una semana su condición. Que Grecia resulte culpable de toda baja universal, pero que después siembre júbilo porque la irían a salvar y todo en una semana. Que Estados Unidos muestre no salir de la meseta, hasta que surge un dato -como venta de «casas usadas», del martes- que le varíe el semblante anterior. Lo peor no es para lo bursátil, por lo que hablamos respecto del «juego», sino como señal clara de un mundo económico que se bambolea sin sentido. Y que tanto difunde una esperanza como aterroriza sin miramientos. ¿En qué se puede creer? (Dígalo el lector...).

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