1 de junio 2012 - 00:00

Cupones Bursátiles

Lo de Facebook, con las derivaciones que ha tenido, parece dar la razón a quien apuntó que «lo único que demuestra la historia es que nunca nadie aprendió nada». Estar todavía en medio de la crisis y ver que se forme una formidable «burbuja» -que es clásica en los buenos tiempos- y después de que la misma explotara, leer que los codiciosos aventureros buscan cómo «hacer juicio» por la colocación, expresa bien en qué punto está todo.

Ni siquiera asumen con la tradicional calidad del que sabe que arriesgó en tierra del riesgo puro y le tocó perder. Si sube nos llenamos, si va mal hacemos juicio. Además, se hizo repaso de las casas de inversión, o de entidades financieras, protagonistas de la crisis con su millonada de pérdidas jugando en Facebook. Un papelón de los supuestos «especialistas» que pueden dirigir el dinero de terceros y -como ahora- hacerles masticar gruesas pérdidas. Pero hubo otros que al parecer poseían «información» desde adentro, donde las maravillas del papel no mostraban ciertos vicios ocultos. A la mayoría no se le ocurrió deducir que una empresa que tuvo ingresos por u$s 3.700 millones, ganando u$s 1.000 millones, no resistía una cota de mercado en los u$s 100.000 millones. Con eso solamente ya merecían caer en la rodada (al menos, sin quejarse, por estúpidos e incapaces). Son los mismos dibujantes de imagen que en pocos días pasados vocearon que la economía despegaba (por dato de «casas usadas»), pero con el mismo argumento, utilizado a la inversa, fueron a la baja por la meseta económica que persiste en Estados Unidos. Y todo nos devuelve al punto de inicio: que nadie aprendió nada. O que no se lo consideró una enseñanza, sino un tropiezo que no habrá de cambiar nada en el juego de la codicia y la aventura sin límites. Lo de Facebook y el ridículo show que se armó en su torno, se agrega a lo de JP Morgan, a las muchas de Goldman Sachs, inclusive a la venta de u$s 30 millones en YPF -por parte de Soros- saliendo a tiempo y con casi segura «información confidencial», que partió desde nuestro medio mucho antes de anunciar la expropiación de Repsol. De lo único que se

lee es de nuevas tropelías y con los mismos bribones a cargo. Fantasmas alcistas que aparecen y se diluyen sin sentido, como aquí lo estamos viendo seguido, en un mundo que desconoce de dónde viene y no sabe hacia dónde va. (Da igual.)

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