29 de junio 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

La economía de Estados Unidos una semana está «mejor», en virtud de ciertos datos que se eligen minuciosamente en los escritorios. Y en la semana siguiente, está «peor», en general echándole culpas a los europeos (o debiendo asumir otros datos, que no pueden disimularse y establecen nueva decepción). En realidad, pensándolo un poco todos se darán cuenta, la economía del Norte se mueve acorde lo necesitan los operadores de Wall Street. No existe medición que comprenda el semana por semana, capaz de detectar si un país está mejor, peor, o solamente estable. Pero el vaivén de novedades y de mensajes derivados -por ahora- sigue funcionando. Y en cuanto se produce una baja de algún calibre en el Dow, es casi seguro que no pasarán muchas horas para que surjan las vitaminas, proveedoras de energía renovada para un rebote y que la ya disminuida base de adherentes no se le siga desarmando. Del otro lado del océano, los europeos también procuran refugiarse en «algo» que provenga de afuera, amortiguando las pesadas cargas que sobrellevan. La semana había arrancado para un susto grande, se habló de incertidumbre por la cumbre política que remataba el mes, pero el miércoles también se treparon al dato inmobiliario que fogoneó al Dow Jones. Y así se continúa moviendo la sufrida caravana de mercados bursátiles, si bien en nuestra zona no pudieron plegarse Bovespa y Merval a esos repuntes, dejando en Buenos Aires dos ruedas consecutivas de bajísimo nivel de negocios, promedio de $ 30 millones entre ambas, con una retirada ostensible por parte de la demanda. Ya no surgieron hábiles manos para torcer el destino, ninguna generosa cartera se dispuso a inyectar dineros frescos para proveer de utilidades inimaginables. De tal forma se completa todo el primer semestre, con la chance de la última rueda para anotarse con algún «golpe de mercado». En tal caso, será el manejo que se realice de lo que hoy concluye en Europa (y tomarse de algún discurso que prometa las supuestas soluciones).

Para la segunda mitad del ejercicio se precisará detonar algunos «cartuchos» extra (quizá con la Reserva Federal regando el camino a Obama con lluvia de dinero fácil) y los europeos subiéndose a cualquier vehículo que pase con tal de disimular los males que les llegaron a los huesos.

Lo del Merval es totalmente una carta tapada, donde el incentivo local es un sueño. Y copiar de lo exterior su chance más nítida (por ahora)...

Dejá tu comentario