6 de agosto 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

La postal que todo lo resume en los tiempos que se viven de simulacros e hipocresías fue ver que el propio presidente de Estados Unidos -Obama- apartó porlijamente lo que le importaba de la estadística: dejó a un lado, la desechó, la parte que no le convenía y trató de sacar partido de la porción que lucía como favorable. Lo mismo que hicieron los juglares de Wall Street para darle al viernes un asidero y propender a un repunte en los índices. Esto fue colocar el acento totalmente sobre que en la creación de puestos de trabajo los números habían resultado «mejor de lo esperado», dejando bajo la alfombra que el número global de desempleo sigue estando en el 8,3% y totalmente anclado, desde hace un buen tiempo. Una vez más, lo que es accesorio -un dato puntual, pero pasajero- se ubica por encima de lo que es principal: y que hace al problema de fondo. La postal se complementa con los ribetes de repuntes conseguidos en el mercado, basados en tal tipo de información menor, convenientemente adornada para ser servida a los operadores. (En el caso de Obama, para inyectarle algo de alegría a la población, seguramente). Después está la otra postal, la que nos dice que a la manera de un «reflejo condicionado» quienes actúan en el mercado hacen de cuenta que no saben que se trata de un estímulo vacuo. Y obran en dirección a la menudencia de turno, apoyando la suba del día. Todo un mecanismo combinado, casual o premeditado, entre los que arman los argumentos y aquellos que los usan, que bien podrían agregarse al singular texto de José Ingenieros, llamado: «La simulación en la lucha por la vida». Pasados ya siete meses, de una crisis que no ha cedido y con más economías complicadas (empezamos con Grecia, como la gran culpable, y ahora tenemos a varios más que caminan por el alambre), al repasar el estado de los indicadores bursátiles del mundo no condicen para nada con su función de reflejar las realidades y no crearse una propia realidad, virtual, artificial, para seguir sobreviviendo, de cualquier manera.

Seguramente que el mecanismo, bien lubricado está, seguirá funcionando del mismo modo. Ver que las Bolsas se van por la pendiente, porque «productores de Estados Unidos vendieron más envases de mostaza que antes».

Los que dominan los mercados, sin público común, constituyen una «corporación»: vendiendo humo...

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