30 de agosto 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Desagradable revelación, estar siguiendo la huella de los montos negociados en el mercado local y tropezar con este martes en el que se hicieron sólo $ 18 millones de efectivo. Culminar agosto dentro de tal pobreza de volumen, pleno corazón del ejercicio, es mostrar al sistema bursátil en una total desnudez. En tal rueda, el indicador principal no pudo solventar totalmente la actitud bajista, perdiendo el medio por ciento, pero con otras agujas que saltaron del instrumental a bordo. Como que con nada más que esa miserable suma en órdenes efectivas, un total de 105 plazas registraran aperturas. ¿Con qué lo consiguieron?, es la pregunta inmediata. Si se sabe que las 12 del listado principal son las que se llevan un 80% del volumen -tal la ponderación del índice-, el 20% restante sería de unos $ 4,6 millones para alimentar a una comunidad de especies generales, en el orden de las casi 90. Todo parece estar descalibrado, las variables no cierran entre sí, en tanto que la imagen que se viene forjando es la de un mercado que se dedica a cavar cada vez más profundo, evitando acusar las rebajas de precios. Al menos, protegiendo al Merval, que se repite en todos los medios y que -para la foto- debe mostrar perjuicios mínimos a como dé lugar. Desde afuera las señales son apenas bocetos sobre lo que podrían decir desde el Banco Europeo. O aquello que ventile Bernanke en la reunión de bancos centrales a realizarse el viernes. La respuesta local que tenemos desde hace varias ruedas es promover una permanente trabazón de las fuerzas, con tal de no dejar que se establezca algún derrape de cierto porte en el índice. Y los $ 18 millones repican en la misma pregunta: ¿se puede saber dónde estamos parados? Y seguida de otra: ¿cuál resulta, hoy en día, la capacidad de la demanda para acciones en Buenos Aires? Reuniendo elementos, casi se puede arribar a una dura verdad: que no existe ningún interés en participar en acciones, que quedan libradas a su suerte, rogando por una oferta que no se inquiete en demasía. Es la chance que se sigue jugando, llevar todo a un terreno mucho más escueto, donde la tarea defensiva consiga evitar una imagen bajista y notoria para el recinto porteño.

Siempre creímos que era preferible participar en una Bolsa donde haya más sueños que dinero. Pero esto nos muestra que hay gran escasez de ambos componentes, bolsillos vacíos (y sueños rotos...).

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