21 de septiembre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

«Jugando al achique» fue el título que nos vino a la mente, buscando semblantear lo visto en la rueda del miércoles. Curiosamente, resultó una frase con dos utilidades, porque también encajaba para el partido de Argentina del miércoles por la noche. En verdad, no sólo sirve para describir una táctica de juego -de Bolsa, de fútbol-, sino que también -y a partir de ella- derivan las sensaciones dejadas (por la rueda y el partido).

Podrán aducir, operadores y futbolistas, que se trató de una «inteligente forma de planear» el match. En ambos casos, también podrá aducirse que a no ser por el leve desnivel del tanteador, lo pensado dio resultado.

La Bolsa evitó una baja en su índice, Argentina esquivó que pudiera recibir más goles. Y a partir de esto, llega también una conclusión para ambos casos: si lo práctico y efectivo carece de atractivo, de interés, hasta de la ansiada seducción por el juego que se ofrece, lo que deja es una sensación de «vacío». No sólo en el espectador, probablemente en los protagonistas (si bien los participantes ocultan su vocación por brindar otra cosa). Nos apartamos ahora del terreno que invadimos -del comentario deportivo- y al que sólo utilizamos para trazar un paralelo de referente popular.

En el exclusivo aspecto bursátil, la falta de vocación proviene de la demanda y la única respuesta a ello, si se quiere sostener el ritmo del mercado en plano de liquidez y atractivo, sería que la oferta bajara sus límites y fuera en procura del comprador, en una línea de corte por éste impuesta. Lo otro es aquello que resulta la fórmula tan reiterada en el año, jugar «al achique» de parte de la oferta. Buscar que aunque se resigne el verdadero espíritu de «hacer mercado», lo estadístico termine por agregar otra rueda monótona, trabada de modo continuo, con perjuicios menores para los precios. Vaya por delante que el planteo adoptado está entre los recursos clásicos de los movimientos bursátiles y al que no se puede discutir, en cuanto a que es una línea defensiva práctica. Pero, por fuera de un índice o de una rueda, está la imagen que va adoptando un mercado que -de modo asiduo- debe apelar a emplear al «último recurso». Tal imagen es la que va expulsando gente de un estadio o de un mercado. Porque termina por fastidiar y dejar la impresión de que el sistema se va encogiendo a lo largo del tiempo. Hasta finalizar en ser parte de la comunidad marginal, casi un adorno dentro del «mercado de capitales». Puede ser justo, pero sin ser lógico...

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